Durante los primeros ocho meses del año, el Sector Público Nacional registró un superávit primario equivalente al 1,1% del PBI y un resultado financiero positivo del 0,2%. Para 2026, las estimaciones ubican el superávit primario en el 1,3% del PBI, el nivel más bajo desde el inicio de la presidencia de Javier Milei. Para 2027, se prevé que se mantenga en ese porcentaje, mientras que el resultado financiero sería del 0,1% del PBI en ambos años.
El Presupuesto 2027 presentado por el Gobierno contempla un resultado primario del 1,3% del PBI, equivalente a $18.439.871,9 millones, y un superávit financiero del 0,2%, por $3.300.675,4 millones. Sin embargo, sostener esas metas será más complejo debido a la composición del ajuste. Durante la primera etapa, los recortes se concentraron en subsidios, transferencias y gastos de capital. Ahora, una parte mayor del esfuerzo debería recaer sobre partidas más rígidas, como jubilaciones, prestaciones sociales y remuneraciones, al tiempo que crecen las demandas para recuperar áreas que sufrieron fuertes caídas en términos reales.
La magnitud del ajuste inicial quedó reflejada en los números de 2024, cuando el gasto primario cayó 4,5 puntos del PBI, del 19,5% al 15%. En el mismo período, el resultado primario pasó de un déficit del 2,7% a un superávit del 1,8%. Desde entonces, las cuentas públicas conservaron el saldo positivo pese a la reducción de los ingresos. Entre 2024 y 2026, los recursos totales disminuyeron 1,3 puntos del PBI, mientras que el gasto primario se redujo un punto.
Por el lado de los ingresos, la recuperación avanza más lentamente de lo esperado y todavía no alcanza para reemplazar al recorte del gasto como principal herramienta de consolidación fiscal. La eliminación de determinados impuestos y otros cambios en la estructura tributaria también redujeron algunas fuentes de recaudación que habían contribuido al ajuste inicial. En consecuencia, la sostenibilidad de las cuentas dependerá cada vez más del crecimiento económico y de una mayor formalización que permita ampliar la base tributaria.
El margen fiscal para afrontar imprevistos es reducido. Un desvío moderado en la recaudación o un incremento del gasto podría consumir rápidamente el colchón previsto para 2027. Según las estimaciones, un dólar un 10% por encima del valor contemplado en el Presupuesto elevaría los intereses de la deuda en moneda extranjera en aproximadamente $1,7 billones, casi siete veces ese margen.
A las restricciones fiscales se suman los compromisos en moneda extranjera y las necesidades de financiamiento. En septiembre, la demanda de dólares de los individuos absorbía alrededor del 90% de las divisas liquidadas por el sector agropecuario, mientras que el Tesoro espera obtener unos US$21.100 millones para cumplir con sus obligaciones financieras durante 2027. Además, las previsiones dependen de refinanciar deuda en pesos por el 110% de los vencimientos y de una recuperación de la actividad que permita revertir la caída real del 3,8% acumulada por la recaudación hasta agosto.
El Gobierno, por su parte, destaca la reducción del peso de la deuda bruta, que pasó del 156,6% del PBI a fines de 2023 al 71,4% en julio de 2026. También señala que los depósitos del Tesoro en el Banco Central aumentaron de US$1.700 millones a US$8.200 millones y que las tres principales calificadoras mejoraron la nota soberana durante 2026.
En este escenario, el desafío no será únicamente aprobar el Presupuesto 2027, sino sostener sus proyecciones durante un año electoral. La evolución de los ingresos, el ritmo de la actividad económica y la capacidad de refinanciar los vencimientos serán factores determinantes para evitar que los desvíos obliguen a modificar las metas fiscales.









