El documento plantea su preocupación por las economías en las que la capacidad de producción supera de manera sostenida la demanda global como consecuencia de intervenciones ajenas a las condiciones del mercado. Si bien la declaración no menciona directamente a China, vincula el fenómeno con determinadas políticas públicas que generan una oferta superior a la demanda internacional.
Entre los sectores considerados estratégicos aparecen los vehículos eléctricos, las baterías, los semiconductores y los paneles solares. Los países firmantes señalaron que la sobreoferta puede distorsionar los precios internacionales, desalentar nuevas inversiones y afectar el empleo local.
Como respuesta, los países acordaron crear mesas de trabajo técnicas que colaborarán con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). El objetivo será analizar las distorsiones vinculadas con el exceso de capacidad productiva y sus efectos sobre el comercio internacional.
La posición adoptada por la Argentina se enmarca en la agenda comercial impulsada por el Gobierno de Javier Milei y supone un acercamiento a las principales economías occidentales frente a las dificultades generadas por los desequilibrios de oferta en sectores industriales estratégicos.









