Según un informe de Bank of America Global Research, existen 114 ETF enfocados en América Latina, con activos administrados por unos US$50.000 millones. De ese total, 74 operan en mercados locales y 40 cotizan en el exterior, donde funcionan como una de las principales vías de acceso de los inversores internacionales a las acciones de la región.
Brasil es el principal receptor de capitales. Los ETF vinculados a ese mercado sumaron entradas netas por US$3.800 millones en 2026, frente a los US$2.700 millones de 2025. A su vez, los fondos regionales captaron US$2.900 millones, por encima de los US$1.800 millones del año anterior. Parte de esos ingresos fue compensada por las salidas registradas en otras categorías.
México mostró el comportamiento contrario: sus ETF acumularon retiros por US$1.500 millones, después de haber recibido US$100 millones durante 2025. En los mercados andinos, en cambio, las entradas alcanzaron los US$200 millones, aunque se trata de fondos de menor tamaño.
La diferencia también se observa en los rendimientos. El iShares MSCI Brazil ETF (EWZ), uno de los principales fondos vinculados a Brasil, avanzó un 36% en 2026, mientras que el iShares Latin America 40 ETF (ILF), con exposición regional, subió un 25%.
El fondo colombiano COLO registró una mejora del 39% y recibió entradas por US$45,4 millones. En Perú, el ETF EPU avanzó un 27% y captó US$201 millones. El fondo chileno ECH, por su parte, cayó un 4%, aunque registró ingresos netos por US$13,5 millones.
En México, el iShares MSCI Mexico ETF (EWW) ganó un 5%, pero sufrió salidas netas por US$469,5 millones y administra activos por US$1.480,3 millones. El EWZ, en tanto, gestiona US$9.085,4 millones y recibió entradas por US$1.349,9 millones, mientras que el ILF administra US$3.814,2 millones y captó US$1.005,2 millones.
Argentina presenta una dinámica diferente. El Global X MSCI Argentina ETF (ARGT) administra US$687,4 millones, acumula un rendimiento del -1% y registra salidas netas por US$1,3 millones. Su desempeño se ubica 37 puntos porcentuales por debajo del ETF brasileño EWZ y 26 puntos por debajo del fondo regional ILF.
El informe también señala que el fondo argentino recibió US$100 millones durante 2026, luego de haber registrado una salida por el mismo monto en 2025. De este modo, los flujos de capital muestran una evolución que no se refleja en una mejora equivalente de su rendimiento.
La composición sectorial de los ETF latinoamericanos ayuda a explicar parte de estas diferencias. Las acciones financieras y las vinculadas a materias primas representan cerca de dos tercios de la exposición regional, frente al 30% en los mercados emergentes y al 25% a nivel mundial.
En cambio, la tecnología y el consumo discrecional representan apenas un 2% de la exposición de los fondos latinoamericanos, muy por debajo del 50% registrado en los mercados emergentes y del 40% a escala global. Esta estructura limita la participación de la región en el impulso de los sectores tecnológicos vinculados con la inteligencia artificial y contribuye a explicar el desplazamiento de capitales hacia mercados como Corea del Sur y Taiwán.
Bank of America también relaciona los movimientos de los ETF con las perspectivas de política monetaria y la incertidumbre internacional. Las expectativas iniciales de recortes de tasas favorecieron a Brasil y México, pero las tensiones en Medio Oriente modificaron las previsiones sobre la flexibilización monetaria y afectaron el desempeño de los mercados.
Brasil recibió inicialmente cierto impulso por su exposición a empresas energéticas, aunque la revisión de las expectativas sobre las tasas también repercutió en sus activos. México, en cambio, contó con un respaldo menor ante el aumento de los precios del petróleo debido a su menor exposición al sector energético.
Durante el último mes analizado, las renovadas expectativas de un ciclo más profundo de bajas de tasas favorecieron una recuperación y redujeron la brecha de rendimiento respecto del promedio de los mercados emergentes. El panorama regional, de todos modos, continúa condicionado por las diferencias entre las economías, la composición sectorial de los fondos y las perspectivas financieras internacionales.









