Las exportaciones de SBC prácticamente se cuadruplicaron entre 2006 y 2025, aumentando de USD 2.441 millones a USD 9.460 millones anuales. En particular, las ventas de software crecieron casi ocho veces, pasando de USD 338 millones a USD 2.651 millones, mientras que los servicios de Investigación y Desarrollo (I&D) dados a conocer también mostraron un aumento significativo, escalando de USD 123 millones a USD 838 millones.
En el aspecto laboral, un dato alentador es el crecimiento del empleo en este sector, que hoy en día emplea a 285.000 personas, 9.000 más que en 2025, y 17.000 más que en 2023, momento anterior a la llegada del actual gobierno.
Aunque los Servicios Basados en el Conocimiento se constituyen como un sector relativamente pequeño y de alta calificación laboral, representan una señal positiva de que la economía tiene la capacidad de generar nuevos empleos de servicios. Esto resulta crucial, dado que la ocupación en sectores productivos está cada vez más amenazada, tendencia que responde no solo a un fenómeno global relacionado con el avance tecnológico y la automatización, sino también a las características del “cambio de régimen” que está experimentando la economía local.
Sectores que históricamente han sido fundamentales para el empleo, como el comercio, la construcción y la industria manufacturera, han visto reducir su importancia tanto en términos de Producto Bruto Interno (PBI) como en generación de empleo.
Los servicios constituyen la principal fuente de empleo en Argentina, representando el 74% del total, once puntos más que el 63% del PBI. Sin embargo, esta concentración es muy heterogénea. Algunas ramas del sector dan empleo a millones de personas, pero con niveles de productividad bajos y alta informalidad, mientras que otras ocupan a trabajadores calificados, ofrecen salarios superiores a la media y compiten en mercados internacionales. Según un estudio de Fundar, aunque los servicios, en su totalidad, son actividades “intensivas en empleo”, su heterogeneidad es notable.
El rubro que más empleos genera es el Comercio, con 4,1 millones de puestos, lo que equivale al 24,5% del empleo en servicios y a uno de cada cinco empleos de toda la economía. Le siguen Enseñanza, que emplea a 2,3 millones, y la Administración pública, que suma 1,7 millones, incluyendo las instancias nacionales, provinciales y municipales.
En un segundo nivel se encuentran ramas con alrededor de 1,3 a 1,6 millones de puestos cada una, como el servicio doméstico, los servicios empresariales, salud, transporte y comunicaciones, y los servicios comunitarios. En el extremo opuesto se sitúan los servicios financieros, el alojamiento y la gastronomía, que en conjunto aportan 1,18 millones de puestos, representando el 7% del total de servicios.
Esta diversidad va desde el dinamismo de los SBC hasta la baja productividad que presentan otros sectores, un fenómeno acentuado en los países en desarrollo, donde muchas áreas absorben mano de obra de escasa remuneración y elevada informalidad, tal como se observa en el servicio doméstico, varios sectores del comercio y la industria gastronómica en el país. De hecho, la formalización laboral varía notablemente, comenzando con un 100% en la Administración pública y un 91% en Enseñanza, llegando hasta el 32% en comercio y apenas el 29% en el servicio doméstico.
Sin embargo, el estudio de Fundar también explica que el empleo no asalariado no necesariamente implica precariedad. Por ejemplo, los “servicios empresariales” presentan un 34% de no asalariados, pero solo un 8% de empleo informal. En este contexto, se encuentran profesionales independientes, como contadores y abogados, mientras que en comercio, un 46% de cuentapropismo se vincula al trabajo informal y de subsistencia.
Una proporción equivalente de no asalariados puede representar tanto a profesionales independientes como a trabajadores forzados a la informalidad, dependiendo del sector, según informa el análisis de Fundar.
La creación de empleo es uno de los principales desafíos en la actual fase del cambio de régimen económico en Argentina, que se caracteriza por la pérdida de puestos de trabajo en sectores industriales expuestos a la competencia externa y en servicios como el comercio, que dependen de los niveles de ocupación e ingresos del resto de la economía. El ritmo de creación de nuevos empleos es considerablemente más lento, lo que trae como consecuencia un aumento del trabajo autónomo y la informalidad, generando expectativas de que sectores en crecimiento, como la agricultura, la energía, la minería y los SBC, logren ofrecer oportunidades que se desvanecen en otras áreas.
Este proceso de transformación laboral es complejo. Por un lado, en sectores como hidrocarburos y minería, no solo implica un cambio en las capacidades laborales, sino también un desplazamiento geográfico. Además, estas son actividades intensivas en capital, donde la generación de empleo es relativamente baja en comparación con la inversión requerida, que ya enfrenta límites de capacidad de absorción.
Datos del Ministerio de Economía indican que, bajo el Régimen de Incentivos para las Grandes Inversiones (RIGI), una de las iniciativas del gobierno para fomentar la inversión en sectores con alto potencial de generación de divisas—un cuello de botella crónico en el crecimiento argentino—actualmente existen 16 proyectos aprobados, con un compromiso de inversión total que asciende a USD 29.985 millones, los cuales generarían 52.495 nuevos empleos directos e indirectos.
Esto refleja un promedio de casi USD 570.000 de capital por cada nuevo empleo, cifra que en los 25 proyectos “en evaluación” se incrementa a casi USD 780.000 por nuevo empleo. Estas cifras subestiman la relación real, ya que se espera que los sectores que generen empleo indirecto también necesiten aumentar su capital.
El sector financiero, aunque ha crecido en años recientes, ocupa una cantidad reducida de trabajadores (307.000 según datos de 2025) y ha mostrado una tendencia decreciente, atribuida a la creciente automatización y digitalización. Esto ha permitido que muchas de las tareas que anteriormente realizaban empleados bancarios sean ahora ejecutadas por los usuarios mismos.
Dani Rodrik, profesor de Harvard y reconocido analista en el ámbito de las políticas industriales, ha expresado su escepticismo respecto a las manufacturas y ha enfatizado que la generación de empleo en el mundo en desarrollo deberá, en última instancia, provenir de los servicios. Para ello, aconsejó promover iniciativas que incentiven a las empresas de plataformas a contratar mano de obra y recursos locales, brindar capacitación y asistencia a microempresas, y ofrecer herramientas tecnológicas y de inteligencia artificial adaptadas a las circunstancias de los países en desarrollo.
En conclusión, Argentina enfrenta un reto significativo que combina las oportunidades, ajustes y temores derivados del avance tecnológico y la creciente implementación de herramientas de inteligencia artificial, en un contexto de cambio de régimen económico que el año entrante será evaluado por primera vez en términos de continuidad o rechazo.









