En Wall Street, los bonos argentinos registraron pérdidas de hasta 1,1%, mientras que los ADR llegaron a retroceder hasta un 6%, con Central Puerto entre las compañías más afectadas. En Buenos Aires, el índice Merval también terminó la jornada con una baja del 1,1%.
La presión sobre los títulos de deuda se reflejó además en el riesgo país, que avanzó 1,9% durante la jornada y alcanzó los 525 puntos básicos, su nivel más elevado desde el 20 de agosto.
En el segmento internacional, el Dow Jones perdió 0,6% y el S&P 500 cayó 0,4%, mientras que el Nasdaq terminó prácticamente sin cambios. El movimiento de los mercados se produjo después de que la Reserva Federal elevara su tasa de referencia en 25 puntos básicos. Posteriormente, el Banco de Japón también aplicó un incremento de 25 puntos, llevando su tasa de política monetaria al 1,25%, un nivel que no alcanzaba desde 1995.
Aunque ambas decisiones habían sido contempladas previamente por los inversores, el mercado todavía atraviesa un proceso de ajuste. En el caso de los bonos argentinos, los títulos de mayor plazo acumulan bajas semanales de entre 1,1% y 1,2%, mientras que los instrumentos de corto plazo muestran retrocesos menores, de entre 0,2% y 0,4%.
Los bonos en dólares se encuentran bajo una presión mayor y registran una caída promedio del 0,7% frente a las principales referencias. Si bien los rendimientos de dos dígitos pueden resultar atractivos para algunos inversores, la falta de factores que impulsen una recuperación en el corto plazo y la dinámica de las tasas en dólares mantienen la presión sobre los activos argentinos.
A este escenario externo se suman señales menos favorables provenientes de la economía local. Los últimos datos de actividad y empleo contribuyeron a que los operadores adoptaran una postura más defensiva. La economía presenta comportamientos diferenciados, con una demanda interna más débil frente a un sector externo que mantiene mayor fortaleza, una dinámica que podría generar presiones hacia 2027.
En el mercado cambiario, en tanto, el dólar mostró pocas variaciones. El tipo de cambio minorista se ubicó en $1.535, mientras que el mayorista terminó en $1.510.
En paralelo, el Banco Central comenzó a moderar el ritmo de sus compras de divisas. La estrategia apunta a otorgar mayor espacio a la demanda privada y preservar capacidad de intervención para 2027, además de evitar fluctuaciones en el tipo de cambio durante el proceso electoral. Todo esto se desarrolla en el marco del objetivo oficial de continuar avanzando en la desinflación.









