Esta situación también ayuda a explicar por qué los vehículos eléctricos suelen utilizarse como un segundo automóvil y no como el principal medio de movilidad para algunas personas, debido a las limitaciones que todavía presentan la infraestructura de carga y la autonomía para realizar viajes de larga distancia.
En este contexto, las ciudades se convierten en espacios clave para el desarrollo de la electromovilidad, con experiencias que ya se encuentran en funcionamiento y nuevos proyectos orientados a acelerar la transición.
El titular del área de Movilidad e Infraestructura de la Ciudad de Buenos Aires, Pablo Bereciartua, sostuvo que la incorporación de unidades eléctricas dejó de ser una alternativa a futuro y comenzó a formar parte de la realidad del transporte urbano. Según explicó, los buses eléctricos presentan ventajas en recorridos urbanos y suburbanos por sus características de funcionamiento, entre ellas un menor nivel de ruido y la ausencia de emisiones de gases de efecto invernadero durante su operación.
La posibilidad de establecer circuitos definidos, distancias acotadas y puntos de carga planificados facilita la utilización de estas unidades y reduce las dificultades vinculadas con la autonomía. En la Ciudad de Buenos Aires, la integración de esta tecnología comenzó en mayo de 2025, con la puesta en funcionamiento de la primera línea completamente eléctrica, denominada E-Bus, que conecta la Terminal de Cruceros con Parque Lezama y la Usina del Arte durante fines de semana y feriados.
Posteriormente, un colectivo eléctrico fue incorporado al sistema de transporte regular. Desde octubre, la Línea 44 opera con una unidad eléctrica modelo Agrale MT17.0 LE, de fabricación nacional, con una autonomía aproximada de 250 kilómetros, capacidad que permite cubrir su recorrido diario.
Las características de los servicios urbanos marcan una diferencia frente al transporte interurbano. Mientras los recorridos dentro de las ciudades permiten planificar las distancias y disponer de infraestructura de carga en puntos determinados, los servicios de larga distancia requieren mayores niveles de autonomía y una red de carga más amplia, que todavía se encuentra en desarrollo.
En ese sentido, el funcionario porteño señaló que, aunque los servicios de larga distancia no dependen del Gobierno de la Ciudad, ya existen desarrollos y pruebas de unidades destinadas a ese segmento. También consideró que la tecnología continuará evolucionando y que podría resultar especialmente útil en países con grandes extensiones territoriales.
El avance tecnológico y las inversiones privadas también comenzaron a generar nuevos desarrollos para el transporte urbano. Entre ellos se encuentra el desarrollo de un chasis eléctrico diseñado específicamente para colectivos urbanos, con una autonomía cercana a los 250 kilómetros y tiempos de carga adaptados a las necesidades de la operación diaria.
A la vez, distintos proyectos de fabricación nacional buscan acompañar la transformación del sector. Durante la Expo Transporte 2026 se presentaron desarrollos como un Trambús eléctrico, orientado a incorporar alternativas de movilidad sustentable producidas en el país.
La Ciudad de Buenos Aires también avanza en un plan más amplio para transformar su sistema de transporte. Desde el Gobierno porteño remarcaron que la disponibilidad de recursos financieros y la estabilidad económica son factores determinantes para llevar adelante proyectos de gran escala vinculados con la electromovilidad.
En ese marco, se destacó la construcción de la nueva Línea F como uno de los proyectos de electromovilidad de mayor costo actualmente previstos en Argentina. El Gobierno porteño también trabaja junto con operadores privados en la renovación de una flota de aproximadamente 1.600 colectivos, con el objetivo de acelerar la transición energética del sistema.
Otro cambio estará relacionado con las condiciones para incorporar nuevas unidades al transporte público. A partir del 1° de enero de 2027, todos los colectivos nuevos que se incorporen al sistema deberán ser eléctricos o funcionar a GNC, de acuerdo con su registro en el sistema de transporte.
Actualmente, la Ciudad ya cuenta con dos líneas que funcionan exclusivamente con unidades a GNC, mientras esta tecnología continúa incorporándose en otros recorridos.
De esta manera, la electrificación del transporte público en Argentina avanza de forma gradual y diferenciada. Los servicios urbanos aparecen como el segmento con mayores posibilidades de incorporación de unidades eléctricas debido a sus recorridos y necesidades operativas, mientras que el transporte de larga distancia enfrenta mayores exigencias de autonomía y depende del desarrollo de nuevas tecnologías y de una infraestructura de carga más extendida.









