En el mercado existe una expectativa de que durante el próximo año ingresará una cantidad importante de dólares provenientes del sector exportador. Esto alimenta la posibilidad de que, a diferencia de otros años electorales, no exista una escasez significativa de divisas.
Al mismo tiempo, persiste una fuerte diferencia entre quienes pueden comprar dólares y quienes tienen dificultades para llegar a fin de mes. En las conversaciones entre operadores, la paciencia social aparece como una de las variables centrales para la continuidad del programa económico.
Pese al deterioro de la imagen del Gobierno generado por distintas controversias, Javier Milei conserva una base de apoyo electoral que algunos cálculos ubican entre 35 y 37 puntos. Para el mercado, esa combinación entre dificultades económicas y respaldo político todavía significativo mantiene abierta la posibilidad de avanzar hacia un escenario más favorable en 2027.
Uno de los desafíos del Gobierno es generar nuevas señales que permitan sostener las expectativas sin comprometer el equilibrio fiscal. El consenso es que no se esperan medidas que deterioren las cuentas públicas y que tanto la inflación como el tipo de cambio real podrían mantenerse relativamente estables.
Por eso, la atención está puesta en las tasas de interés, el papel de la banca pública y una eventual flexibilización del crédito en dólares. También aparecen como alternativas las concesiones, privatizaciones y nuevas inversiones y exportaciones.
La inflación inercial continúa siendo un motivo de preocupación, con tasas mensuales cercanas al 2%. Tanto el mercado como el Gobierno mantienen además el objetivo de avanzar en la remonetización de la economía.
En este contexto, la tasa real positiva volvió a ocupar un lugar relevante. Los bonos ajustados por CER ofrecen rendimientos de entre 3% y 4% por encima de la inflación, un nivel que no se observaba desde hacía tiempo y que mejora el atractivo de las inversiones en pesos.
El dato de inflación de la Ciudad de Buenos Aires, que resultó superior a lo esperado, también fue analizado. Entre los factores que podrían haber incidido aparecen cuestiones estacionales vinculadas con el esparcimiento durante las vacaciones y los aumentos relacionados con los encargados de edificios sobre las expensas. A pesar del dato elevado, se observa como un elemento favorable que disminuyó la frecuencia de los aumentos de precios.
Otro punto de discusión son los $4 billones que quedaron pendientes de colocar en la última licitación del Tesoro. Una posibilidad es que tengan un efecto expansivo si se destinan a cancelar deuda flotante o a ampliar la capacidad crediticia de la banca pública.
Mientras tanto, las tasas aumentaron: las operaciones overnight alcanzan el 23% nominal anual y la curva de tasa fija ronda el 28%. El escenario está relacionado con una menor emisión de pesos y una reducción en las compras de divisas, lo que mantiene ajustado el balance financiero y genera tensiones con la política cambiaria.
En el plano internacional, las mesas también siguen las intervenciones sobre el yen. El efecto inicial de estas operaciones parece perder fuerza y vuelve a plantearse que las intervenciones cambiarias tienen un alcance limitado cuando no están acompañadas por modificaciones en las condiciones económicas de fondo.
En Japón, pese a un superávit de cuenta corriente equivalente al 5,5% del PBI, una parte importante de esos ingresos permanece en el exterior. Las estimaciones ubican el nivel de equilibrio del yen entre 125 y 138 unidades por dólar.
La próxima reunión del Banco de Japón, prevista para el 17 y 18 de septiembre, será seguida de cerca ante la expectativa de un posible aumento de 25 puntos básicos. También se aguarda información sobre el monto de la intervención realizada en julio.
Para los mercados, la experiencia japonesa vuelve a mostrar que una intervención puede modificar temporalmente el comportamiento de una moneda, pero que un ajuste sostenido depende de cambios en las condiciones económicas subyacentes.









