El análisis, realizado durante cinco años en el establecimiento Santa Unión, perteneciente a Víctor Tonelli, en la Cuenca deprimida del Salado, en la provincia de Buenos Aires, evidenció que una estrategia que promueve la eficiencia productiva puede incrementar notablemente la producción de carne y reducir paralelamente la emisión de gases de efecto invernadero. Lo más innovador de este estudio es que la reducción de emisiones se ha podido cuantificar y certificar, transformándose en un activo digital con reconocimiento ambiental.
Los hallazgos fueron claros. Entre 2021 y 2025, la producción en el establecimiento creció de 101,3 a 173,1 kilos de peso vivo por hectárea, lo que representa un aumento del 70,8%. A su vez, la intensidad de emisiones se redujo de 19,73 a 12,94 kilos de dióxido de carbono equivalente (CO₂e) por kilo de carne producido, manteniéndose durante todo el periodo por debajo de la línea de referencia empleada para los establecimientos ganaderos convencionales de la zona. Este avance permitió calcular una reducción acumulada de 2548,3 toneladas de CO₂ equivalente en comparación con el sistema modal de la región. Gracias al uso de una metodología científica y la documentación correspondiente, esta reducción puede ser verificada y convertida en un activo digital.
El informe mismo señala: “El caso de Santa Unión demuestra que la mejora continua de la eficiencia productiva constituye una estrategia efectiva para reducir la intensidad de emisiones y generar reducciones cuantificables, verificables y potencialmente valorizables mediante mecanismos de reconocimiento ambiental”.
Este resultado no solo se tradujo en menores emisiones, sino que también abrió la puerta para que estas reducciones se comercialicen como activos digitales. Con esto en mente, se inició la segunda fase del proyecto: establecer un proceso técnico para medir, verificar y registrar este beneficio ambiental de forma que sea reconocido por el mercado.
El estudio utilizó la Calculadora de Huella de Carbono para Sistemas Ganaderos, desarrollada por el INTA, una herramienta creada específicamente para reflejar la situación de los sistemas pastoriles argentinos, siguiendo la metodología del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC). La comparación se llevó a cabo con una línea base construida a partir de los sistemas ganaderos convencionales, según el Inventario Nacional de Gases de Efecto Invernadero.
Juan Mauricio Álvarez, coordinador Nacional del Programa de Carnes y Fibras Animales del INTA, explicó que la calculadora fue concebida con un objetivo más amplio que solo calcular la huella de carbono. “La calculadora nace pensada para hacer benchmarking de tecnologías entre modelos productivos, distintas regiones, productores, etcétera, y para diseñar transiciones tecnológicas que nos permitan aumentar la productividad, la eficiencia, la rentabilidad y como consecuencia mejorar la huella de carbono”, sostuvo el entrevistado.
El sistema incluye información sobre la composición del rodeo, pesos de cada categoría animal, índices reproductivos, recursos forrajeros, uso de fertilizantes, consumo de energía e insumos, entre otras variables, aplicando factores de emisión y modelos predictivos adaptados a las condiciones de producción de Argentina.
Álvarez destacó la necesidad de crear una herramienta propia debido a que muchas existentes no representaban adecuadamente la realidad de la ganadería argentina, caracterizada por sistemas en su mayoría pastoriles: “Las herramientas internacionales disponibles no reflejaban fielmente la situación de los sistemas ganaderos argentinos”.
El trabajo en Santa Unión comenzó en 2021 con una primera medición de la huella de carbono. A partir de allí, el equipo de extensión del INTA acompañó al establecimiento en la implementación de diversas tecnologías para mejorar la eficiencia. Entre las acciones destacadas se encuentran una mayor utilización de reservas forrajeras, mejoras en la recría, la extensión de la inseminación artificial al rodeo completo, una gestión más eficiente de los forrajes según las características del suelo, un mayor uso de silajes y modificaciones en la recría y finalización de los animales. Esta combinación de prácticas permitió aumentar la producción sin necesidad de ampliar la superficie utilizada.
El investigador del INTA enfatizó el impacto positivo de este proceso: “Una serie de tecnologías aplicadas al sistema mejoraron notablemente la producción, que se incrementó casi en un 70%; como consecuencia, mejoró la rentabilidad y se redujo la intensidad de emisiones en kilogramos de dióxido de carbono equivalente por kilogramo de carne producida”.
El estudio, sin embargo, fue más allá de la medición del establecimiento. También pretendió determinar cuánto de esta mejora se podía atribuir objetivamente al desempeño del sistema productivo, comparándolo con un modelo ganadero representativo de la región, conocido como BAU (Business As Usual). Esta comparación demostró que la intensidad de emisiones del establecimiento estaba entre un 30% y un 40% por debajo de la del sistema de referencia. Al tomar esta diferencia y calcularla en toneladas de dióxido de carbono equivalente a lo largo de cinco ciclos productivos, se llegó a la cifra destacada de 2548,3 toneladas de emisiones reducidas, apoyadas por documentación técnica suficiente para su verificación.
La verificación técnica de estas reducciones permitió convertir cada tonelada de CO₂e evitada en un activo digital, mediante el uso de la plataforma Biotoken, que emplea tecnología blockchain para registrar la información técnica realizada por el INTA y su documentación, garantizando su trazabilidad. En Santa Unión el potencial es de 2548 activos digitales, equivalentes a las toneladas de CO₂e cuya reducción fue validada.
Álvarez explicó que la tokenización permitió transformar estas reducciones en un activo comercializable. “Toda esa información junto al informe se tokenizó utilizando tecnología blockchain a través de la plataforma de Biotoken. Eso fue lo que nos permitió transformar esta información y esta reducción de emisiones en un activo digital que hoy puede ser comercializado”, afirmó. Sin embargo, subrayó que el propósito de la herramienta va más allá de la generación de activos digitales, ya que busca acompañar la mejora continua de los establecimientos para incrementar productividad, rentabilidad y eficiencia ambiental.
Tonelli, propietario de Santa Unión, enfatizó que el éxito del proyecto fue posible gracias a la colaboración entre productores y técnicos del INTA. “Participé tanto como técnico como productor, proporcionando datos necesarios para medir el progreso”, indicó. También resaltó el valioso aporte del equipo de extensión del organismo, cuyo acompañamiento fue crucial para optimizar la eficiencia y la productividad del sistema.
Alejandra Cámara, fundadora de una consultora enfocada en cambio climático y financiamiento sostenible, apuntó que el principal desafío es hacer de la sustentabilidad algo más que un costo para los productores. “Debemos adoptar el activo digital, porque empieza a desacoplar la gestión sustentable de la producción y permite transaccionarla de manera independiente”, expuso. En su opinión, esta herramienta permite que las mejoras ambientales generen un valor económico propio, respaldado por un enfoque desarrollado por el INTA y adaptado a la ganadería argentina.
Así, el estudio sugiere que producir de manera más eficiente no solo puede traducirse en un mayor volumen de carne y menor emisión de gases, sino que también puede dar lugar a una nueva fuente de ingresos para los productores, en un contexto donde los mercados valorizan cada vez más los atributos ambientales.









