Sin embargo, los resultados todavía no permiten determinar si la mejora representa un cambio sostenido en la inserción comercial argentina o si responde, en buena medida, a condiciones excepcionales que podrían no repetirse en el corto plazo.
Del aumento de aproximadamente US$10.900 millones en las ventas al exterior, cerca de US$5.000 millones se explican por mayores cantidades exportadas y algo más de US$5.000 millones por la mejora de los precios internacionales. La diferencia resulta relevante porque los volúmenes suelen presentar una mayor estabilidad que las cotizaciones, sujetas a los ciclos y condiciones de los mercados internacionales.
Uno de los principales cambios respecto de la estructura tradicional de las exportaciones argentinas se observa en el peso de la energía y la minería. El complejo sojero tuvo una incidencia reducida en el crecimiento, con un aporte de unos US$300 millones entre harina, pellets y aceite de soja.
En cambio, las exportaciones de petróleo crudo aumentaron 59% interanual y llegaron a US$5.722 millones. El incremento representó casi una quinta parte del crecimiento total de las ventas externas. También se registró un aumento cercano a US$975 millones en las exportaciones de oro, impulsado principalmente por los precios internacionales, mientras que el litio aportó unos US$760 millones adicionales como consecuencia de mejores cotizaciones y un incremento del 60% en los volúmenes comercializados.
En conjunto, combustibles, energía y manufacturas industriales explicaron el 57% del crecimiento de las exportaciones durante el período.
El sector agroexportador también mostró una fuerte expansión. En los primeros siete meses del año se alcanzó un récord de 74 millones de toneladas de exportaciones agroindustriales. El trigo se destacó con un aumento del 53% en las cantidades vendidas al exterior, aunque sus precios fueron 9% inferiores.
Parte de este desempeño estuvo asociado a una campaña agrícola excepcional y a condiciones climáticas favorables, por lo que existe incertidumbre sobre la posibilidad de repetir esos niveles. Para la campaña 2026/27 se prevén menores niveles de producción y de saldo exportable de trigo, además de una normalización en el maíz. También se proyecta una caída cercana al 5% en el volumen de la próxima campaña gruesa, en un escenario condicionado por el fenómeno de El Niño.
A estas variables se suma la evolución de los precios internacionales. Una parte de la mejora registrada en petróleo, oro y otros productos responde a factores de los mercados globales que no dependen de las decisiones económicas adoptadas en Argentina y, por lo tanto, podría revertirse.
En este escenario, la energía y la minería aparecen como sectores con perspectivas de crecimiento vinculadas también a una mayor capacidad productiva. La expansión de la producción petrolera asociada a Vaca Muerta ofrece margen para incrementar las exportaciones más allá de la evolución de los precios internacionales. En el caso del litio, el aumento de la oferta permite sostener mayores volúmenes de ventas externas aun frente a variaciones en las cotizaciones.
Por otra parte, la reducción gradual de los derechos de exportación constituye otro factor a considerar hacia adelante. Si bien esta política no explica el crecimiento registrado durante 2026, puede contribuir progresivamente a mejorar las condiciones de competitividad de las exportaciones argentinas.









