El proyecto contempla una inversión total de US$1.300 millones. Del monto previsto, US$900 millones serán cubiertos mediante el financiamiento bancario y los US$400 millones restantes serán aportados por los accionistas. El préstamo tendrá un plazo de siete años, con tres años de gracia, y fue estructurado con una tasa de 4,25% más SOFR, la tasa de referencia diaria del financiamiento garantizado a un día.
La operación se estructuró bajo la modalidad de Project Finance, un esquema en el que el repago se sustenta principalmente en los flujos de fondos futuros generados por el proyecto y en contratos de transporte de largo plazo. El financiamiento cuenta con la participación de Citi, JP Morgan, Santander e Itaú, además de BBVA, Bladex, Barclays, ICBC y Bank of China.
San Matías Pipeline, conocida como SMP, está integrada por Pan American Energy, con una participación del 30%; YPF, con el 25%; Pampa Energía, con el 20%; Harbour Energy, con el 15%; y Golar LNG, con el 10%.
El gasoducto tendrá una extensión de 472 kilómetros, un diámetro de 36 pulgadas y una capacidad para transportar hasta 27 millones de metros cúbicos de gas natural por día. La traza partirá desde Tratayén, en Neuquén, y llegará hasta la costa de Río Negro, donde se conectará con el sistema destinado a abastecer las operaciones de GNL.
El comienzo de las obras está previsto para agosto de 2026 y la finalización se estima para mediados de 2028. La construcción ya fue adjudicada: en abril, San Matías Pipeline seleccionó a la UTE conformada por Víctor Contreras y SICIM, que se impuso sobre otros cuatro competidores.
La planta compresora intermedia, necesaria para el funcionamiento del sistema, fue adjudicada a Oilfield Production Services. Estará ubicada en el kilómetro 80 del recorrido, dentro de Río Negro, y contará con una potencia de 46.000 HP.
El proyecto fue incorporado al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) en junio de este año y cuenta con los estudios de impacto ambiental aprobados por las provincias de Neuquén y Río Negro.
El objetivo de la obra es garantizar el suministro de gas para las dos terminales flotantes de licuefacción que operará Southern Energy. Se trata de los buques Hilli Episeyo y Esperanza, cuya entrada en funcionamiento está prevista para 2027 y 2028, respectivamente.
El primero de estos buques ya tiene comprometida una parte importante de su producción. En febrero, Southern Energy acordó el suministro de dos millones de toneladas anuales durante ocho años a una empresa estatal alemana, con el inicio de las entregas previsto para finales de 2027.
El acuerdo constituye el mayor contrato de exportación de GNL alcanzado hasta ahora por Argentina. El volumen comprometido representa más del 80% de la capacidad productiva del Hilli Episeyo y podría generar ingresos superiores a US$7.000 millones, dependiendo de la evolución de los precios internacionales.
San Matías Pipeline forma parte del proyecto de Southern Energy, denominado SESA, que reúne a los mismos accionistas y tiene como objetivo desarrollar la capacidad argentina para participar de manera sostenida en el mercado internacional de gas natural licuado.
Las dos unidades flotantes previstas tendrán una capacidad conjunta de producción de aproximadamente seis millones de toneladas anuales de GNL. Para abastecerlas será necesario contar con una infraestructura específica de transporte que permita trasladar el gas producido en Vaca Muerta hasta la costa rionegrina.
El desarrollo de SESA contempla inversiones superiores a US$15.000 millones durante un período de 20 años y proyecta exportaciones por unos US$20.000 millones entre 2027 y 2035.
Este proyecto representa el primero de los dos grandes desarrollos de GNL previstos para Argentina. El segundo corresponde a Argentina LNG, impulsado por YPF junto con Eni y XRG. Esta iniciativa solicitó su incorporación al RIGI en agosto y contempla una inversión estimada en US$51.000 millones, con el inicio de operaciones previsto para 2031.
Aunque Argentina LNG contempla un desembolso considerablemente mayor, SESA tiene previsto comenzar a operar aproximadamente cuatro años antes, por lo que el gasoducto de San Matías Pipeline se convierte en una de las primeras infraestructuras necesarias para concretar el desembarco de Argentina en las exportaciones de GNL a gran escala.









