Detrás de esta entrañable figura que se presenta frente a la cámara, se esconde una historia llena de desafíos y momentos significativos. Desde que quedó huérfana en su infancia, su vida ha estado marcada por duras experiencias. A los 12 años, llegó a Cataluña en busca de trabajo a cambio de alimentos, dedicándose durante 25 años a la limpieza nocturna en un hospital. Además, ha enfrentado la pérdida de su esposo y de una de sus cinco hijas.
Aprovechando su jubilación, su reciente popularidad en redes sociales le ha brindado una serie de oportunidades que antes le eran esquivas, como viajar a Japón o disfrutar de un paseo en helicóptero. “Después de pasar tantas calamidades, perder a tantos seres queridos y trabajar como una mula toda la vida, esta es la mejor época de todas”, enfatizó en una charla que mantuvo.
Originaria de Higuera de Calatrava, un pequeño pueblo de Jaén, Rosa tuvo que contribuir desde temprana edad con las labores del campo. A la muerte de su madre, cuando ella aún era una niña, su padre quedó a cargo de seis hijos, pero dos años más tarde también falleció.
“Me vine con 12 años a trabajar a Cataluña por un plato de comida, porque en el pueblo no me quedaba nadie”, recordó. A su llegada, casi fue detenida justo cuando uno de sus hermanos la esperaba en la estación, debido a la vigilancia de la policía franquista.
En Barcelona, trabajó durante tres años en casa de una mujer, luego continuó en el hogar de una pareja. Allí conoció a su esposo, con quien se casó y emprendió una larga carrera limpiando en un hospital. Su dedicación en este trabajo se extendió 25 años hasta su retiro.
“Por mi tamaño, me apodaban la pequeña. Me preguntaban si no me daba miedo ver las operaciones en el quirófano. Yo respondía que estaba acostumbrada a observar los órganos de los cerdos en las matanzas, que somos casi iguales por dentro. Y se reían”, compartió.
Rosa, madre de tres mujeres y dos hombres, ha enfrentado varias pérdidas en su vida. “Falleció mi marido de leucemia y seis años después, mi hija, la madre de Christian, de cáncer de pecho”, relató.
La relación entre Rosa y Christian se inició mucho antes de que ambos se volvieran populares en las redes. Cuando él era pequeño, ella era su cuidadora. “Yo lloraba porque solo quería estar con ella”, evocó Christian.
Persiguiendo su sueño de ser periodista, Christian comenzó a subir contenido a YouTube e Instagram, y en un momento decidió incluir a su abuela. Juntos, comenzaron a crear parodias, desafíos, trucos virales y hasta bromas ocultas.
Con el tiempo, la cantidad de seguidores fue en aumento. Rosa llegó a colaborar con diversas marcas y a ser reconocida en la calle. “Lo hago totalmente natural, yo creo que iba para actriz. Me encantaba Lina Morgan”, afirmó.
Su vida cambió radicalmente. A sus 85 años, disfruta de cenas en restaurantes, asiste a eventos y acompaña a Christian en varias actividades. “Me gusta salir, conversar con los jóvenes e ir a cenar fuera, no quedarme todo el día en el sillón viendo televisión. No voy con los viejos a jugar a las cartas”, remarcó.
Recientemente, ha vivido experiencias que antes no imaginaba: un día completo en un spa, el rodaje para una marca de motos, su viaje a Japón, la primera vez que sale de Europa, y un paseo en helicóptero.
“Siempre soy la más veterana de las aventuras en las que me meto, pero tengo más energía que mucha gente joven. No esperaba una jubilación así de divertida ni que me pasase todo esto con las redes, pero bienvenida sea toda esta alegría. Es muy bonito lo que hago con mi nieto, para mí ha sido un regalo”, sostuvo.
Finalmente, concluyó: “He tirado para adelante porque no me ha quedado otra, y la vida más ‘disfrutona’ la tengo ahora.”









