El veterano constructor recordó el momento en que decidió reducir su equipo y cambiar la forma de trabajar. “Llegó un momento en que dije: la gente fuera, voy a trabajar con tres personas y los hago autónomos porque no había otra manera de sobrevivir”, relató. Según Domínguez, la incertidumbre del sector y la dificultad para sostener una plantilla fija lo llevaron a tomar esa decisión: “Se acaba el chalet y luego, si no te sale otro, ¿qué hacés con la gente?”.
Leé también: Juan Goñi, arquitecto: “Las ventanas que más calientan tu casa no son las que dan al sur, sino las que dan al oeste”
Domínguez comparó la construcción de su juventud con la actual. En sus primeros años, los proyectos podían arrancar con un simple boceto de un aparejador. Hoy, en cambio, el trabajo exige conocimientos en múltiples áreas técnicas y cumplir con normativas cada vez más estrictas.
Además, el albañil de 75 años advirtió sobre la falta de jóvenes que se sumen al oficio. “La gente joven no tiene ni idea de nada”, opinó. Según su experiencia, antes el aprendizaje requería años de sacrificio y práctica, mientras que ahora muchos trabajadores priorizan el salario antes que la formación.
La relación con el sistema tributario es otro de los puntos que Domínguez cuestionó con dureza. “Los de Hacienda me tienen abrasado”, afirmó. Tras décadas como autónomo, hoy cobra una pensión de 740 euros, una cifra que, según contó, se redujo después de una operación inmobiliaria. “Es una pensión de pobre”, definió.
Leé también: Jorge Morales, ingeniero: “Cuando a una habitación le da el sol todo el día hay que poner un toldo porque es un ahorro directo”
Domínguez también señaló que el acceso a la vivienda se volvió cada vez más difícil, en contraste con la época en la que él empezó en la construcción. Su historia refleja el cambio de una profesión que, según él, ahora es más especializada, más regulada y mucho más difícil de sostener para los pequeños empresarios.









