Juan Manuel Liquindoli, especialista en educación canina, enfatizó la relevancia del juego, señalando que no solo se trata de entretener o agotar a la mascota, sino que esta práctica puede facilitar el aprendizaje, la comunicación y el bienestar del animal.
“Alguna vez me dijeron que los perros son bebés eternos y hay algo de ciencia detrás de esta frase. Una característica que se ha mantenido a lo largo de los años es la preservación de sus rasgos juveniles, como el juego”, manifiesta Liquindoli.
El educador explicó que “el juego funciona como una escuela para la vida. A través de jugar, se practican habilidades, se aprende a relacionarse con otros y se ensayan conductas que pueden ser importantes para la vida adulta”.
Además, consideró que el tiempo de juego permite que tanto la persona como el perro aprendan a interpretar las señales del otro. “Mientras jugamos, participan circuitos cerebrales relacionados con la motivación, la recompensa y el aprendizaje”, comentó.
De este modo, el juego no solo es una actividad recreativa, sino que se transforma en un medio de comunicación: “El juego puede convertirse en una verdadera conversación, porque para jugar juntos tenemos que aprender a leernos”.
Según Liquindoli, esta interacción puede ayudar a mejorar el bienestar y el comportamiento del perro, siempre que la actividad esté alineada con sus necesidades reales. No todos los perros disfrutan de las mismas actividades, por lo que el educador sugiere observar qué tipo de juego prefiere cada uno, ofreciendo diversas opciones.
“La genética puede jugar un rol importante en esto, por lo que recomiendo probar y descubrir qué forma de juego disfruta cada perro”, añadió.
El juego también brinda la posibilidad de conocer mejor al animal y fortalecer la comunicación. Para lograrlo, es crucial seleccionar actividades que se adapten a los intereses del perro, permitiendo su participación activa y evitando forzarlo a continuar si ya no desea hacerlo.
El fin del juego no debería ser únicamente que el perro quede fatigado. Como explicó Liquindoli, esta actividad puede tocar diferentes aspectos de su vida cotidiana: “Jugar con nuestros perros es mucho más que cansarlos: es movimiento, actividad cognitiva, aprendizaje, comunicación y experiencias positivas compartidas”. En este sentido, unos minutos de juego no solo se convierten en un rato de diversión, sino en una oportunidad de aprendizaje y conexión, además de ser una forma de estimular y contribuir al bienestar del animal.









