Frente a este contexto, surge la pregunta: ¿este ciclo bajista se mantendrá? Los especialistas anticipan que la inflación seguirá disminuyendo en la segunda mitad del año, situándose en un rango que va del 1,9% al 1,6%. Para julio, las proyecciones apuntan a un 1,8%.
Tres elementos son cruciales para entender el futuro de la inflación en el segundo semestre.
El tipo de cambio ha estado rezagado respecto a la inflación desde el inicio del año, superando a esta última solo en junio, cuando se incrementó un 5% frente a un índice de 1,9%. Para julio, se esperaba que la cotización se viera impulsada por una menor oferta debido al fin de la cosecha y por el aumento de la demanda vinculado al Mundial, los aguinaldos y las vacaciones de invierno. Sin embargo, hasta mitad de mes, el dólar presentó una baja del 0,3%, aunque los pronósticos sugieren que en los próximos meses debería ajustarse al alza.
Eric Ritondale, economista jefe de Puente, indica que “las previsiones anticipan que la tendencia de desinflación continuará en los próximos meses de manera paulatina, con el anclaje del tipo de cambio y el sostenido proceso de compras de reservas como los factores que dinamizan este proceso. No obstante, la trayectoria de la inflación mensual no presentará un comportamiento lineal, dadas las correcciones de precios relativos y la estacionalidad propia de ciertos rubros de la canasta”.
En junio, el segmento de alimentos y bebidas experimentó un aumento del 1,3%, el incremento más bajo en el último año. Un factor determinante fue el comportamiento del precio de la carne, que apenas se modificó, creciendo solo un 0,1% en el Gran Buenos Aires. Se prevé que no habrá cambios significativos en los precios en los próximos meses, a diferencia del año anterior, cuando la carne registró un aumento superior al 25%.
Javier Bongiovanni, economista de la Fundación Libertad, señala que “más allá del dato puntual de junio, lo crucial será observar la tendencia de la inflación en los próximos meses. Lo verdaderamente relevante será que la inflación no solo logre ubicarse por debajo del 2%, sino que también pueda sostener ese nivel en el tiempo. En un contexto de una macroeconomía más ordenada, con un tipo de cambio relativamente estable desde principios de año y un Banco Central que mantiene un saldo comprador de reservas y tasas de interés en descenso, la inflación podría continuar con su proceso de desaceleración. Además, se suma un año con menor volatilidad política, un factor que también contribuye a mantener expectativas más estables”.
En la primera parte del año, los precios de los combustibles aumentaron un 25% en el caso de la nafta y un 30% en el gasoil, impulsados por el conflicto en Irán y la escalada en el precio del petróleo, que llegó a superar los 110 dólares, aunque actualmente se encuentra en torno a 80 dólares. El futuro de los precios dependerá de la evolución de dicho conflicto, aunque por ahora no se anticipan aumentos significativos, ni tampoco descensos pronunciados. Los precios de los combustibles son cruciales para la inflación, dado que influyen de manera directa e indirecta en los costos logísticos.
LCG señala que “la inflación vuelve a la zona del 2% mensual. Aumentos postergados en regulados (básicamente combustibles y tarifas) podrían sumar presión en los próximos meses, aunque no se esperan cambios de tendencia significativos”.
“Reiteramos que consolidar el proceso de desinflación demandará más que un ancla cambiaria, apertura comercial y un crecimiento calmado. Es probable que se necesiten otras herramientas complementarias para coordinar mejor expectativas y ajustes de precios, lo cual tomará más tiempo”, sostiene LCG.









