“Éramos ocho personas apasionadas por el automovilismo que teníamos ganas desde muy chicos de diseñar y construir un auto”, comentó Guido Paganini, presidente del FIUBA Racing Team.
El proyecto tomó forma con el claro objetivo de participar en la Fórmula SAE, un concurso internacional de ingeniería universitaria organizado por SAE International. En esta competencia, estudiantes de distintas instituciones crean, prueban y evalúan sus propios prototipos de autos de competición, abarcando aspectos técnicos, de manufactura y costos, así como pruebas en pista.
El equipo de la UBA se propuso ser la primera universidad pública de Argentina en competir a nivel internacional.
Lo que comenzó con un grupo de ocho alumnos ahora se ha expandido a un equipo de casi 50 integrantes de diferentes disciplinas. Incluye estudiantes de Ingeniería Mecánica, Electrónica, Informática e Industrial, además de Diseño de Imagen y Sonido, y colaboradores en áreas de Marketing y Comunicación.
“Era una forma de devolverle tanto a la educación pública que nos dio, a través de este proyecto, ser la primera universidad pública argentina en competir, generando una estructura donde futuros estudiantes puedan involucrarse y aprender como nosotros”, explicó Paganini.
El auto, llamado Suipacha 901, no se materializó de la noche a la mañana. Antes de abordar su diseño y fabricación, los estudiantes tuvieron que acondicionar el taller que la facultad les había asignado para trabajar.
“Estuvimos arreglando el taller. Hicimos de albañiles, electricistas, levantando paredes, limpiando, desalojando, sacando chatarra y otras cosas”, recordó Paganini.
Esa labor requirió aproximadamente un año y medio. Solo después comenzó otro periodo igualmente largo dedicado al diseño y construcción del monoplaza.
El proceso de fabricación abarcó varias etapas. El equipo inició con el aspecto dinámico del vehículo, relacionado con la suspensión y el comportamiento de los neumáticos en contacto con el asfalto. “Se arrancó desde ahí y, a partir de eso, se desarrollaron las distintas partes, continuando con el chasis, el motor y la transmisión, y, por último, la parte aerodinámica”, detalló Paganini.
La aerodinámica fue trabajada en parte de manera simultánea, pero tuvo que adaptarse al chasis ya diseñado.
El verdadero reto surgió al abandonar el entorno virtual y comenzar la fabricación física. “Durante la construcción, el mayor desafío fue poder trasladar lo que habíamos diseñado en la computadora a la realidad”, agregó el presidente del equipo.
Muchos miembros del equipo no contaban con experiencia previa en este tipo de fabricación. Para superarlo, buscaron asesoría de docentes y exploraron otras fuentes de información.
Los primeros errores formaron parte del proceso de aprendizaje. “Las tolerancias en la computadora no son las mismas que en la realidad y eso complicó las cosas”, admitió Paganini. Este problema se presentó en los diseños iniciales, pero se corrigió en versiones posteriores.
Con el auto finalizado, el siguiente desafío fue competir.
El equipo se trasladó a Brasil por tierra, transportando el vehículo durante cuatro días en un tráiler con la participación de 30 integrantes en la experiencia.
“La verdad es que la pasamos muy bien los 30 que fuimos. No lo podíamos creer, no podíamos creer estar allí”, rememoró Paganini.
El debut causó sorpresa entre los competidores locales. Según relató, integrantes de la universidad brasileña no comprendían cómo un equipo que participaba por primera vez había llegado con un auto tan completo y sofisticado. “Tampoco entendían cómo, en tan poco tiempo, habíamos fabricado el auto”, comentó.
En la competencia, el equipo logró ubicarse en el puesto 25 entre 46 participantes y superó la inspección técnica del vehículo, un paso esencial para avanzar en el certamen.
Este resultado se obtuvo frente a competidores más experimentados. “Sabíamos que nos enfrentábamos a equipos que llevan 20 años compitiendo y que ibamos a dar lo mejor de nosotros para alcanzar una buena posición”, afirmó Paganini.
El equipo destacó que más allá del resultado, la experiencia fue altamente significativa. “Para nosotros es una satisfacción enorme, es una alegría. Es una forma de devolverle también algo a la universidad que de forma gratuita nos enseña, nos educa”, añadió.
El grupo que inició su camino con ocho estudiantes ahora se ha estructurado para asegurar que el próximo equipo pueda construir sobre lo que se ha logrado.
Así, el Suipacha 901, originado en el sueño de su equipo por crear un auto, se convierte en la primera experiencia internacional de una universidad pública argentina en la Fórmula SAE.









