El pensador sostiene que la práctica filosófica consiste en “rascar donde no pica”, un principio que desafía las normas establecidas en la vida diaria y resalta la relevancia de llevar a cabo actividades que escapen a la lógica del rendimiento.
La libertad, según Sztajnszrajber, se origina en el proceso de desvinculación de las estructuras que limitan al individuo, manifestándose de manera impredecible e incalculable, lejos del anhelo de descubrir una verdad absoluta. “Me interesa pensar en ser libre más como el intento de ir liberándonos de las diferentes formas que nos han hecho”, expresó el filósofo.
Al hablar sobre la felicidad, el autor se refiere a su experiencia personal y a la visión de Aristóteles, estableciendo un vínculo entre el concepto de felicidad y la realización personal. “Observa que la palabra realización etimológicamente proviene de real. Se supone que ser feliz es alcanzar ese estadio donde uno es lo más real posible”, comentó.
Sztajnszrajber también incorpora la perspectiva de Epicuro, quien relaciona la felicidad con la ataraxia, es decir, el estado de imperturbabilidad del alma, evitando así depender de lo que no es esencial.
A su entender, hay una corriente terapéutica que abre la existencia a puntos de vista más sensibles, críticos y contradictorios, favoreciendo una necesaria distancia frente a la previsibilidad del mundo.
“Considero que la filosofía enriquece la existencia al ofrecer otra vertiente, permitiendo que nuestra vida, más allá de estar completamente marcada por el principio de utilidad, se abra a otras perspectivas, más humanas, más críticas y contradictorias”, explicó.
“Creo que hay un aspecto humano que implica que, en cualquier acción o práctica que llevamos a cabo, tenemos la capacidad de distanciarnos, reflexionar sobre lo que hacemos. Ese momento en que el ser humano se separa de sí mismo para observarse actuando, para mí, es el origen de la filosofía”, concluyó el filósofo.









