“El crecimiento llegaba a los bolsillos, la macro y la micro. Hoy no está pasando”, manifestó Malamud. A pesar de lo que indican las estadísticas oficiales, el bienestar no se refleja en la mayoría de la población. “Cuando se acumula crecimiento durante varios años, se puede restaurar esa conexión entre el crecimiento económico y la percepción de prosperidad, que aún no se experimenta”, describió.
El experto destacó que Argentina enfrenta una situación sin precedentes: “Tradicionalmente, el crecimiento estaba acompañado de prosperidad. Hoy, eso no está sucediendo”. En su evaluación, la esperanza del gobierno radica en que, si el crecimiento se sostiene, los beneficios comenzarán a llegar en el futuro.
La transformación del tejido productivo argentino está resultando en la creación de menos empleos estables. Malamud fue contundente: “La economía en la que estamos creciendo actualmente, con su estructura productiva, es distinta a la del pasado y genera menos empleo. Esto es una tendencia mundial”. Señaló que la industria, tanto a nivel local como en otros países, está perdiendo su capacidad para generar trabajos, mientras que el sector servicios avanza, aunque sin estabilidad.
En áreas como la producción de petróleo y gas, las nuevas modalidades laborales tampoco están generando suficientes oportunidades. “No se trata de algo momentáneo, sino estructural. A nivel global, las economías están creando menos empleo debido a la automatización y las nuevas tecnologías”, expuso. Esta situación se traduce en un descenso del empleo formal y un aumento de la precarización laboral.
El aumento del desempleo no es abrupto debido a la baja en la tasa de natalidad. “Casi todos los países están enfrentando una disminución demográfica. Las nuevas economías van a generar menos empleo y también menos población. Por eso, el desempleo no está creciendo”, argumentó el analista. El resultado es una economía en expansión que no mejora la calidad de vida de la mayoría de la población.
Malamud también subrayó que la contención social recae en provincias y municipios. “En Argentina todavía contamos con un estado de bienestar que permite a quienes no tienen empleo fijo o que son precarios, acceder a servicios como atención médica en hospitales municipales o provinciales”, añadió. Según el politólogo, el ajuste fiscal del gobierno nacional coexiste con estructuras estatales locales que persisten.
“El Estado es visto negativamente a nivel nacional, pero no en las provincias y municipios. Si viajas a las provincias o localidades, te encuentras con la misma clase política de siempre. Y esta está legitimada, se mantiene en el poder”, resaltó Malamud. El nivel local actúa como un amortiguador, evitando que la crisis derive en un estallido social.
La coexistencia de discursos de ajuste y estrategias de contención genera un desajuste entre las políticas nacionales y la realidad local. Este fenómeno contribuye a explicar por qué el crecimiento económico no se refleja de manera uniforme en todas las regiones del país.
El politólogo también analizó la situación del peronismo y el rol de Axel Kicillof en la provincia de Buenos Aires. “Kicillof respeta el liderazgo fundamental y biológico de Cristina. No le va a ganar”, observó. Describió una estructura partidaria sin disputas internas y que se radicaliza en torno a sus figuras predominantes.
“El territorio bonaerense históricamente ha funcionado como un ancla. Argentina era como un barco y la provincia actuaba como un lastre. Hoy, esa situación ha cambiado. Si se suelta, el barco seguirá su curso. La provincia puede hundirse sin arrastrar al país. Esa es la estrategia del Gobierno nacional”, detalló el especialista.
La fragmentación del peronismo y la pérdida de la centralidad de Buenos Aires en el mapa político nacional crean un escenario inédito. Los liderazgos carecen de consolidación y la coordinación a nivel nacional se debilita.
Malamud enfatizó que el peronismo se fragmenta y radicaliza en su organización, distanciándose de la tradición de las disputas internas: “Los líderes radicales morían en el cargo. Los líderes peronistas iban perdiendo líderes. Ahora esto ha cambiado completamente”.
El conurbano bonaerense presenta un fenómeno de “implosión” social, según Malamud. “Utilizo el término implosión porque la violencia se manifiesta internamente. Hay un aumento significativo de angustia, ansiedad y suicidios, un tema que empieza a ser relevado. Además, hay un incremento de la violencia intrafamiliar y las adicciones, junto a una derivación hacia nuevos empleos, muchos relacionados con el narcotráfico y nuevas religiones. Esto último puede ser positivo, ya que la religión ofrece contención frente a las adicciones, pero no se refleja en un cambio social más amplio”.
El alejamiento del sistema político, económico y familiar se presenta como una respuesta a esta insatisfacción. “La política se fundamenta en quienes van a votar o protestar. Si decides apartarte, no impactas en la política, ya que esta se basa en quienes participan”, concluyó Malamud. El distanciamiento de Buenos Aires respecto al resto del país y a la política se consolida como un problema estructural.









