Por el contrario, el estudio advierte que desde hace dos años se registran retrocesos mensuales consecutivos en la capacidad de compra del salario mínimo.
El informe de CIFRA también señala que, ante la falta de acuerdos en las negociaciones durante este período, los aumentos nominales fueron definidos por la Secretaría de Trabajo. Según el reporte, los incrementos establecidos quedaron alineados con las propuestas empresariales y consolidaron la pérdida del poder adquisitivo de los ingresos.
De acuerdo con el informe elaborado por CIFRA, el poder adquisitivo del Salario Mínimo, Vital y Móvil se encuentra actualmente un 60% por debajo del nivel registrado en 2015 y un 20% inferior al de la década de 1990.
El informe señala que, como ejemplo del deterioro del poder adquisitivo, en junio de 2016 una hora de trabajo remunerada con el salario mínimo alcanzaba para comprar un kilo de pan. Actualmente, con un valor horario de $1.839, se necesitan aproximadamente dos horas y media de trabajo para adquirir la misma cantidad.
La pérdida de capacidad de compra también se refleja en otros productos básicos. En el caso de la carne picada, el tiempo de trabajo requerido pasó de dos horas en 2016 a cerca de seis horas en la actualidad.
Además, el reporte indica que el salario mínimo correspondiente a junio cubrió apenas algo más de la mitad de la canasta básica alimentaria utilizada para determinar la línea de indigencia de una familia “tipo”. A su vez, fueron necesarios más de cuatro salarios mínimos para alcanzar el valor de la canasta básica total que establece la línea de pobreza.
El deterioro también se observa frente al costo de los servicios, como el transporte público. Mientras que en 2016 un viaje de ida y vuelta en subte podía pagarse con 15 minutos de trabajo al salario mínimo, actualmente ese mismo traslado requiere alrededor de una hora y 41 minutos de trabajo.
El trabajo de CIFRA advierte que el salario mínimo dejó de cumplir su función como piso salarial y perdió relevancia como referencia dentro del mercado laboral, al quedar cada vez más alejado de las remuneraciones efectivamente percibidas.
En junio de 2016, el Salario Mínimo, Vital y Móvil equivalía al 37,2% del salario promedio registrado del sector privado. En la actualidad, esa relación se redujo al 16,6%, lo que evidencia la menor incidencia del salario mínimo sobre los ingresos laborales formales.









