En el primer trimestre del año, la tasa de desocupación se situó en 7,8%, un leve descenso respecto al 7,9% del mismo período de 2022. Sin embargo, la tasa de informalidad se incrementó de 42% a 44,2% en ese lapso.
Esto indica que la pérdida de 347.000 empleos formales, tanto en el sector público como en el privado, se ha trasladado a actividades más informales y con menor remuneración promedio.
De acuerdo con datos de la Encuesta Permanente de Hogares, el contador público y líder sindical Martín Barrionuevo destacó las disparidades de ingresos reflejadas en estos cambios. El salario medio de un trabajador formal en el primer trimestre del año alcanzó los $ 1.443.176, mientras que el ingreso promedio de un trabajador informal fue de $ 666.320. Esto implica que un empleado formal percibe más del doble que su par informal.
Barrionuevo también enfatizó que el 68,2% de los trabajadores informales gana hasta $ 750.000 al mes, mientras que el 58% de los formales supera los $ 1.000.000.
Según el INDEC, los ingresos informales han crecido significativamente, aumentando un 69,6% en comparación interanual en abril, frente al incremento del 29,4% de los ingresos formales. Esta divergencia se debe a modificaciones en la encuesta que ahora incluye preguntas sobre ingresos no laborales adicionales.
El director de economía en Fundar, Guido Zack, advirtió que la cuestión no solo involucra menores salarios y protecciones laborales, sino también una disminución en la financiación de la seguridad social, que es esencial para el pago de jubilaciones. “La seguridad social se mantiene a través de los aportes de trabajadores registrados y por impuestos”, argumentó, lo que implica que la reducción en el número de trabajadores formales añade presión sobre el Tesoro para cumplir con los pagos de jubilaciones.
El objetivo del sistema es financiarse completamente a partir de impuestos al trabajo, por lo que “cada trabajador que pasa de la formalidad a la informalidad implica una pérdida en la recaudación para la seguridad social, complicando la financiación de jubilaciones y pensiones”.
Otro fenómeno en ascenso es el monotributo, que tiene un efecto similar. Un informe de LCG, basado en datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), señala que en febrero se perdieron 100.000 puestos formales en comparación interanual, mientras que el número de monotributistas aumentó en 90.000. “En el caso del monotributo, que es una forma registrada, los aportes a la seguridad social son mucho menores que los de los trabajadores formales”, aclaró Zack, lo que genera un efecto análogo al de la informalidad.
El Gobierno ha implementado una reforma laboral destinada a fomentar la registración de trabajadores mediante una reducción de costos en el registro, acompañada de una moratoria para empleadores que no hayan cumplido con esta obligación. Con esta iniciativa, busca recuperar los recursos destinados a la seguridad social. Sin embargo, la implementación de los Fondos de Asistencia Laboral (FAL), que comenzarán a operar en noviembre, representa una reducción en la financiación, que se destinará a los mercados de capitales.









