Mi mamá me observa, y le expreso cuánto la quiero. La saludo desde la pantalla mientras comparto mis pensamientos sobre Messi, sintiendo un profundo amor por ella. Recuerdo todas las ocasiones en que estuvo a mi lado mientras yo partía para cubrir a la Selección junto a Messi.
¿Le he expresado suficiente mi amor, mamá? Ella me acompañó en Brasil, Chile, Estados Unidos, Rusia y en tantos otros lugares, ayudándome con mis hijos para que pudiera desempeñar mi trabajo.
Aún no encuentro las palabras que describan una parte de mi vida dedicada a seguir a la Selección Argentina junto a Messi. Todo lo que representó para nosotros, la inspiración que nos brindó, las ilusiones que generó y las enseñanzas que dejó con su forma de ser. La grandeza de Messi trasciende lo deportivo; mi vida ha sido mejor por su presencia.
También la vida del Topo y la de mis hijos se vieron impactadas positivamente. Messi encarna una felicidad única.
Después del accidente del Topo, Messi me contactó para invitarme a la Ciudad Deportiva Joan Gamper. Me recibió con un abrazo y me preguntó:
— “¿Qué puedo hacer por vos, por Agus y Lucía?”
Me sorprendió que recordara los nombres de mis hijos. No supe cómo responder, miré a Daddy en busca de ayuda. ¿Qué podía pedirle a Lionel Messi? No tenía respuesta.
— “Quiero ayudarte. ¿Qué más puedo hacer por ellos?”
Respondí:
— “Ser Lionel Messi”.
Mis hijos encuentran alegría al verte, Leo. Ellos lloran con frecuencia, y solo deseo que vuelvan a reír.
Me miró y dijo:
— “No. Necesitamos algo más, Vero…”
— “Si no consigo más trabajo, le mando un CV a tu papá. Te lo prometo.”
Jamás le mencioné que me encontraba en una situación difícil, que no sabía cómo seguir adelante. Messi insistió:
— “Bueno, sí –afirmé–, que recibas a Agus y a Lucía algún día. Nada podría hacerlos más felices”.
Y tenía razón.
Messi trae una felicidad inmensa. Yo disfruté enormemente cubriéndolo, sintiéndome una súper mamá. Es asombroso decirlo, pero es realidad. Messi me brindaba inspiración y fuerzas en momentos de debilidad.
Me motivaba a realizar cosas que jamás imaginé que podría hacer, viajando sola con mis hijos alrededor del mundo, siguiendo a la Selección. Decenas de viajes, cientos de partidos, zonas mixtas, entrevistas, en muchos países. A menudo sin dormir, sin comer, sin descanso. Por eso, solo deseo que sea muy, muy feliz.
Y agradecerle. Siempre. Por todo.
Messi es argentino, pero a veces pienso que debería ser considerado Patrimonio de la Humanidad.
Porque, aunque deje de jugar para la Selección y algún día se retire del fútbol, hay algo que nadie puede quitar: la felicidad que nos brindó.
La alegría que todavía nos regala. La felicidad que impartió a mis hijos, que le dio al Topo y que me proporcionó a mí. Quizás ese sea su legado más importante.
No los títulos, no los récords, no los goles. Sino la felicidad. Brindarnos felicidad. Esa que perdura para siempre.
Gracias, Leo. Por todo. Por haber aportado un poco más de felicidad a la vida de quienes tuvimos la fortuna de cruzarnos contigo.









