Este domingo será una jornada especial, ya que se prepara para recorrer 46 kilómetros en la cuarta edición del Gran Fondo Argentina. Porta, el exrugby de actuaciones destacadas en aquellos partidos donde Los Pumas forjaron su historia dentro del rugby amateur, regresará al circuito que tiene como centro el parque Sarmiento. Luego de la largada, el pelotón tomará la General Paz, sigue por la avenida Lugones, continúa por la Illia y el Paseo del Bajo, y luego se unirá a la 9 de Julio Sur para regresar por Cantilo y General Paz hasta avenida Balbín. “Siempre tengo la esperanza de decir ‘bueno, voy a hacer el largo’, pero no, hago el corto”, revela. La opción larga abarca 129 kilómetros: no retoma en la 9 de Julio Sur, sino que sigue por la Autopista 25 de Mayo hasta llegar a las cercanías del estadio de Vélez, y recién allí inicia el regreso.
Porta, el primer argentino en ser incluido en el Salón de la Fama de World Rugby gracias a su excepcional patada, su notable visión periférica y su habilidad para jugar sin libreto y leer los momentos del partido, se presenta ahora con calzas deportivas, casco, gafas y guantes. Posee tres bicicletas; una de ellas le fue obsequiada por Miguel Indurain, el renombrado ciclista español ganador de cinco Tours de Francia consecutivos. Se conocieron en aquella carrera en Sudáfrica. Además, tiene una bicicleta Pinarello, conocida por ser utilizada por equipos profesionales del World Tour, y una tercera bicicleta, fabricada artesanalmente y a medida en Italia. Este domingo, subirá a la última, pero no buscará llegar primero; su objetivo es contribuir a una causa benéfica: parte de lo recaudado será destinado para la construcción de una piscina adaptada para niños con trastorno del espectro autista (TEA) en el Parque Sarmiento. Además de participar en la competencia, Porta colabora a través de la Fundación Laureus, de la cual es presidente, que se dedica a identificar y apoyar proyectos comunitarios utilizando el deporte como herramienta de transformación.
-¿La bicicleta fue una actividad de tu infancia que recuperaste en la adultez? -No, bici siempre tuve, porque de chico podía ir al club y a entrenar en bici. Sin embargo, mi primera bicicleta en serio fue hace unos años, cuando participé en la carrera en Sudáfrica. Ciudad del Cabo es un lugar muy bonito para pedalear, porque está cerca del mar. Para lo del Argus, fuimos con la gente de Laureus. Indurain estaba allí, y al acercarme más a él, me hice amigo, y eso aumentó mi aprecio por la bicicleta. Siempre hay algo nuevo relacionado con las bicicletas, por eso estoy atento a ello.
-¿Qué bicicleta usarás este fin de semana? -Una gravel, que es un híbrido entre una bicicleta de ruta y una de montaña. Pero yo iré a pasear, no a competir. Lo que más me motiva a participar en el Gran Fondo de Buenos Aires es que los organizadores siempre tienen un objetivo social. Este año vamos a pedalear para recaudar fondos para construir una piscina para chicos con autismo en uno de los centros de la Ciudad de Buenos Aires. Así que vamos a pedalear por eso. La gente que organiza la carrera siempre es muy solidaria, y hemos colaborado con fundaciones en conjunto.
-Pedaleas y conversas. ¿Es eso lo que más disfrutas? -Creo que uno descubre lo social que es el ciclismo al comenzar a pedalear en compañía. No se trata solo de pedalear, sino también de dialogar con el compañero a tu lado o con quien va detrás, disfrutar de un grupo pequeño y pasarla bien. Considero que eso es lo fundamental, más allá del beneficio para la salud, porque al andar en bicicleta parece que se activa todo el cuerpo.
-¿Cómo te llevas con tus 75 años? -Siempre estuve vinculado con el deporte y acostumbrado a realizar actividad física. Por ejemplo, iba todos los días al club, así que siempre fui propenso a hacer ejercicio. Y creo que la bici ayuda, ya que no sufres tanto impacto, salvo que te caigas, claro. No hay el mismo desgaste en las rodillas que se siente al correr. Eso siempre es un beneficio. Pero uno está acostumbrado a hacer algo, ya sea golf, andar en bicicleta o caminar. A veces, si no haces nada, sientes que te estás entumeciendo. Pero lo hago, fundamentalmente, para mantenerme activo y en movimiento, no para competir, aunque cuando subes a la bici deseas hacerlo en menos tiempo y más ligero; eso es parte de nuestra naturaleza.
-Pero, ¿sientes esa necesidad de medir tus tiempos? -¡Siempre, siempre! Siempre busco hacer un tiempo menor o ver si hice un recorrido más largo. Eso está en mi naturaleza. Sin embargo, el objetivo principal es apoyar a través de la fundación a quienes trabajan en causas sociales, eso es lo que me motiva.
-Cuando pedaleas solo, imagino que no siempre vas acompañado. ¿Aparece la conversación contigo mismo? -Cuando uno pedalea solo, está dialogando consigo mismo, y la verdad es que he pasado mucho tiempo montado en la bicicleta en solitario. Eso me gusta porque es un momento en el que, mientras haces ejercicio, dejas volar la mente y reflexionas. Siempre hay cosas en las que pensar y buscar soluciones.
-Saltemos un poco de la bicicleta al rugby. ¿Sigue siendo parte de tu vida, verdad? -Sí, sigo viendo rugby por televisión, también el del club, y llevo a mis nietos a jugar. El rugby siempre está presente en mi vida, así que lo sigo muy de cerca.
-¿Solo sigues el rugby de Banco Nación o también miras partidos internacionales? -Sí, los miro. Me gusta bastante. A veces, se vuelve un poco monótono y predecible, ya que es difícil que un equipo inferior derrote a uno superior. Con un rugby que se ha vuelto tan físico y estudiado, a veces es un poco aburrido.
-Pareciera que todo está muy calibrado… -Sí, creo que el desarrollo tecnológico ha proporcionado a los jugadores muchísima información. Hoy, un jugador que entra al campo sabe mucho más sobre su oponente que lo que nosotros sabíamos en nuestras épocas. Antes, uno podía identificar un par de detalles, como que alguien pateaba mejor con la zurda, pero hoy saben todo: hacia dónde pasa mejor, dónde tacklea más o menos, tienen conocimiento absoluto. Reciben tanta información que a veces resulta excesiva. Considero que el deporte debe servir para fomentar el pensamiento propio y la toma de decisiones. Muchas veces, los jugadores dependen de lo que les dicen desde afuera para actuar dentro del campo, y eso puede no ser tan bueno.
-¿No te parece que el rugby actual ha perdido un poco de atractivo? -(Risas) Me gusta la rapidez con la que se juega, disfruto los partidos internacionales, pero creo más en la creación y la libertad en el juego. No estoy seguro de que los jugadores se diviertan tanto como lo hacíamos nosotros.
-¿Y sigues observando a Los Pumas? -Siempre. Los Pumas son una historia sin final porque siempre hay un nuevo equipo. Cada generación, según me toca, va escribiendo un capítulo de esta historia interminable. Siempre hay algo en Los Pumas que mantiene a la afición atenta cuando juegan.
-¿Cuál es tu opinión sobre el desempeño actual de Los Pumas, en particular del equipo de Felipe Contepomi? -Respeto mucho lo que hacen. Tuve la gran suerte y el honor de que Felipe me contactara por teléfono para invitarme a la ceremonia de entrega de las camisetas durante su último partido en el país (en Mendoza, ante Australia). Dudé en ir, pero me habría equivocado si no lo hacía; recibí mucho cariño y respeto de esos chicos. Me impresionó su organización y lo profesional que se han vuelto. En mi época, cuando íbamos de gira, lo que quería era conocer gente, lugares y culturas. Ahora, los chicos llegan con un enfoque totalmente diferente, van directamente a competir.
-¿Consideras que Los Pumas están cerca de dar ese salto significativo y ganar una competición importante? -Hay un gran desarrollo en el rugby argentino y una mayor profundidad en los planteles, lo que permite dar ese salto. Cada vez hay más jugadores preparados para jugar al máximo nivel. Sin duda, la camiseta tiene una mística que representa un plus, pero lo esencial es que nos representen bien cultural y socialmente. Ellos ya tienen eso interiorizado, y siempre digo que a quien se pone la camiseta hay que inyectarle un poco de locura. Siempre espero lo mejor de ellos y sé que Los Pumas darán lo mejor, porque lo fundamental es el camino recorrido, no solo el éxito, que es efímero. Sin embargo, deseo fervientemente que siempre ganen y nos representen dignamente. Yo no soy un espectador obsesionado con solo el resultado.
-Te iba a preguntar si crees que hoy hay un jugador que se asemeje a ti o si podrías jugar en el rugby actual; incluso se lo pregunté a una inteligencia artificial… -¿Y qué te respondió? -Que sí, que podrías jugar perfectamente, y que serías una combinación ideal entre Beauden Barrett y Dan Carter. ¿Qué opinas de eso? -Que son dos grandes del deporte. Siempre jugué al rugby para disfrutar con amigos. Siempre quise estar en la cancha, me gustó jugar en equipo, y esa experiencia es lo que el rugby me ha enseñado. Siempre traté de hacer lo que pudiera para mejorar al equipo. Agradezco al rugby porque me permitió desarrollarme como persona y descubrir cosas de mí mismo, como aprender a liderar un equipo o hablar en público.
-¿Extrañas jugar? -No, no lo extraño. Fue una etapa vivida con mucha intensidad, y siempre que visito un ambiente de rugby, recibo cariño. Cuando viajo con la fundación para trabajar en algún proyecto en el interior, ya sea a Tucumán, la Patagonia, o donde sea, siempre hay alguien que se acerca a saludarme, y esos son los recuerdos que me quedan del juego.









