La caída también se reflejó en la cantidad de carne destinada al mercado interno. Entre enero y julio, el suministro alcanzó 1,202 millones de toneladas de res con hueso, 163.400 toneladas menos que durante el mismo período del año pasado, lo que representa una disminución del 12%.
La menor disponibilidad está vinculada con una caída de la faena. Durante el primer semestre fueron procesadas 7,09 millones de cabezas de ganado, un 9,8% menos que en igual período de 2025. La diferencia representa 772.800 animales. Frente al máximo registrado en 2023, la reducción llega al 17,8%.
Solo en julio se faenaron 1,095 millones de cabezas, un 12,2% menos que en el mismo mes del año anterior y un 2,6% por debajo de junio.
El sector atribuye este escenario a un cambio en el ciclo ganadero. Después de varios años de liquidación de rodeos provocada por las sequías, los productores comenzaron a retener vientres para recomponer el stock. A esto se suma una menor cantidad de terneros nacidos en los últimos años, como consecuencia de las condiciones climáticas y del envío anticipado de animales a faena.
Mientras el consumo interno retrocede, las exportaciones mantienen una tendencia positiva. Durante los primeros siete meses del año se enviaron al exterior 487.200 toneladas de res con hueso, un 8,8% más que en el mismo período de 2025.
En junio, las exportaciones generaron US$427,8 millones, un 40,4% más que un año atrás. El precio promedio de exportación fue de US$7.880 por tonelada y acumuló 19 meses consecutivos de crecimiento interanual.
Estados Unidos fue uno de los principales impulsores de esta expansión después de que el cupo para la carne argentina aumentara de 20.000 a 100.000 toneladas anuales. Durante el primer semestre se enviaron 54.150 toneladas a ese mercado, un 193,9% más que en igual período de 2025. Solo en junio fueron más de 12.380 toneladas, equivalentes al 23,5% de la facturación mensual.
Hasta el 3 de agosto, Argentina había utilizado el 72,5% de su cupo permanente en Estados Unidos, el porcentaje más elevado entre los países beneficiarios, seguido por Australia, Nueva Zelanda y Uruguay.
China, en tanto, continuó siendo el principal destino por volumen. En junio recibió 28.566 toneladas, que representaron el 38,7% de los ingresos totales, aunque su participación perdió peso frente al crecimiento de las compras estadounidenses.
El aumento de las exportaciones, sin embargo, no explica por sí solo la caída del consumo local. Durante el primer semestre, la industria frigorífica exportó unas 280.000 toneladas de carne vacuna, apenas 28.000 toneladas más que en el mismo período de 2025. La menor disponibilidad para el mercado interno responde principalmente a la contracción de la producción.
A más largo plazo, el escenario podría derivar en un cambio en el abastecimiento. Una de las perspectivas planteadas es que Argentina avance hacia un esquema similar al de Uruguay, con importaciones de carne, principalmente desde Brasil, para atender parte de la demanda interna a precios más competitivos, mientras la producción local se destina a mercados externos.
Las importaciones todavía representan un volumen reducido frente al consumo argentino, estimado en unas 180.000 toneladas mensuales. El escenario de precios internacionales elevados, que podría extenderse durante los próximos años, aparece como uno de los factores que sostendrían el incentivo para exportar.









