El pasado 5 de marzo, el ministro de Economía, Luis Caputo, divulgó en la red social X el reinicio de las obras del complejo hidroeléctrico —dos represas sobre el río Santa Cruz, que, una vez finalizadas, proporcionarían el 4,5% de la oferta eléctrica nacional— junto con “un cronograma verificable”. Sin embargo, las evidencias actuales indican que el movimiento es escaso.
El traspaso de Enarsa a la Secretaría de Obras Públicas como entidad responsable del proyecto ha desencadenado un proceso de revisión exhaustiva que se ha prolongado por varios meses y que aún continúa. Nuevos equipos deben evaluar el proyecto ejecutivo integral, aclarar cuestiones administrativas sobre la liberación de trazas, establecer las líneas de alta tensión indispensabes y acondicionar la infraestructura para los trabajadores. Además, el invierno patagónico, aunque no impide el avance de los trabajos, no es el periodo más propicio para reiniciar una construcción de esta magnitud.
Fuentes cercanas al proceso admitieron: “La obra se está desarrollando en los escritorios de la Secretaría, en Buenos Aires, no en Santa Cruz”. En el lugar, por ahora, solo se encuentran operando los equipos de mantenimiento mínimo y seguridad que no se han retirado de la ubicación.
En enero, se inyectaron US$150 millones provenientes de un consorcio de bancos chinos, después de numerosos pedidos de waivers por parte del Gobierno y a raíz de la presión del gobernador de Santa Cruz, Claudio Vidal, quien ha sido un firme defensor de la reactivación de las obras. Con este desembolso, la suma total transferida alcanza aproximadamente US$2000 millones, de un financiamiento inicialmente comprometido de US$4714 millones.
Este capital se encuentra en las arcas del Estado y será utilizado cuando inicien los trabajos en terreno. En los siguientes meses, no se aguarda un avance significativo en la obra; el objetivo principal es activar la infraestructura base.
Los mandos intermedios y el equipo de gestión de la UTE contratista —compuesta en un 54% por la firma china Gezhouba, en un 36% por Eling Energía (ex Electroingeniería) y en un 10% por la mendocina Hidrocuyo— están en proceso de reorganización; se están buscando posiciones a través de plataformas profesionales.
Asimismo, para avanzar con los nuevos desembolsos, es necesario firmar la adenda XII del contrato, que debe ser suscrita por los representantes de Enarsa y de la UTE contratista.
Las represas de Santa Cruz tienen un historial que supera al actual gobierno. El acuerdo de financiamiento original fue suscrito en 2014, durante el mandato de Cristina Kirchner, y los trabajos se iniciaron en 2016. Sin embargo, desde entonces, como indicó la Secretaría de Energía, la ejecución ha estado marcada por “incumplimientos contractuales, falta de actualizaciones de precios frente al aumento de costos y una acumulación de reclamos que llevaron a la ralentización y posterior detención virtual del proyecto”.
Desde 2016 no se habían realizado redeterminaciones de precios, lo que provocó que la contratista acumulara reclamos por más de US$700 millones y que, entre ambas obras, solo se hubieran ejecutado aproximadamente US$1800 millones. Se estima que para completar el complejo se necesitarían otros US$5000 millones de inversión.
La represa Jorge Cepernic —la de menor tamaño, anteriormente conocida como La Barrancosa— presenta un avance del 46% y es considerada prioritaria por el Gobierno. Una vez concluida, aportará 1860 GWh al Sistema Argentino de Interconexión (SADI) y 360 MW de potencia instalada. La fecha de finalización anunciada es 2030. La otra obra del conjunto, la represa Néstor Kirchner, apenas ha alcanzado un 20% de avance y su futuro es, en este momento, incierto.
Las condiciones actuales son comprensibles dada la transición de comitente, reconocen fuentes involucradas, pero difieren de lo que el anuncio de Caputo sugería. La verdadera reactivación, visible en forma de maquinaria y concreto, se espera para después del invierno. Mientras tanto, la obra más costosa en la historia reciente del sector energético argentino permanece, ante todo, como un expediente.









