La adversidad parece acumularse, llevando al club a enfrentar situaciones inesperadas. En un partido de definición por penales, el arquero se destaca por atajar tres tiros, pero a la hora de su propia definición, erróneamente se va del arco. La ausencia en la Copa Libertadores tras más de una década totaliza un golpe más, y la temprana eliminación en la Sudamericana se presenta como un claro signo de una difícil fase. La fortaleza del plantel no se traduce en metas a corto plazo, con la duda sobre la clasificación a la siguiente Sudamericana. A medida que el equipo obtiene más minutos de juego, se espera que su jerarquía se manifieste, pero por el momento, cada intento de revitalizar el rendimiento acaba en frustración.
Eduardo Coudet llegó al club con un carisma que prometía una revolución, pero esa esperanza se ha desvanecido. La ilusión ha sido reemplazada por la incapacidad de escapar de una espiral negativa, lo que también ha intensificado el problema en lugar de solucionarlo. La famosa camiseta de River, que anteriormente había sembrado temor entre los rivales, hoy es vista como una oportunidad. En los primeros seis meses, el equipo se apoyó más en su mentalidad que en el juego, pero hoy muestra una debilidad alarmante tanto anímica como técnica. Antes, los jugadores confiaban en su capacidad para ganar a pesar de la falta de juego; en la actualidad, la creencia se ha transformado en una sensación de inminente derrota.
La final contra Belgrano dejó una huella profunda, dejando expuesta la inseguridad del plantel. Perder ventajas y cuestionar las decisiones del entrenador han sido hitos críticos. La historia se repite: primero como tragedia, luego como farsa, culminando en una eliminación. Aunque en el último encuentro se vio un atisbo de buen juego, la repetición de errores ha hecho que tanto aficionados como jugadores se sientan predispuestos a lo negativo. Incluso un nuevo jugador con trayectoria internacional siente el peso de este ambiente.
La percepción de riesgo ha crecido, y los cambios tácticos implementados por Coudet no han brindado los resultados esperados. En las últimas diez partidas, más del 60% de sus modificaciones ocurrieron antes de que el equipo comenzara a desmoronarse. En comparación, las cifras de los ciclos de otros entrenadores fueron considerablemente más bajas, lo que sugiere una diferencia en la capacidad de dirección. A pesar de haber alcanzado marcas históricas en el pasado reciente, el presente es desalentador, con rivales que han logrado imponerse en el Monumental, un terreno que antes era inquebrantable.
El análisis puede ser más sencillo que encontrar soluciones. Es evidente que la recuperación llevará más tiempo que la destrucción, y que una racha de victorias podría reorientar las ambiciones. Asombra que la primera decisión sea confiar en un novato como Leonardo Ponzio en la dirección técnica, lo que parecería un recurso para evitar la opción de un técnico más experimentado. Es importante recordar que en situaciones difíciles, las decisiones apresuradas suelen tener repercusiones graves.
Aunque River siempre ha dado oportunidades, el hecho de que Ponzio sea el elegido sorprende. Sin embargo, contar con alguien cercano a la institución podría ser un factor positivo. El club ha enfrentado una gradual pérdida de su esencia, con falta de figuras clave y decisiones de mercado que han deteriorado su identidad. Hoy, el club se comporta como aquellos europeos con grandes recursos pero sin un estilo propio. Aún así, River sigue siendo River, aunque su imagen actual dista de la identidad que supo tener.









