“La frecuencia cardíaca aumenta, la presión arterial se eleva y el cuerpo libera hormonas que lo preparan para afrontar una situación que interpreta como desafiante”, se destaca en el informe de la fundación, que está asociada con la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC).
Aunque estemos frente a una pantalla, nuestro cerebro reacciona intensamente a los acontecimientos en el campo. Esto no es meramente subjetivo. Un estudio de 2026 en la revista Scientific Reports reveló que la frecuencia cardíaca de los espectadores comenzaba a elevarse incluso horas antes del partido, alcanzando su punto máximo en los momentos de mayor tensión competitiva.
Este incremento es una reacción normal para la mayoría. “Sin embargo, en quienes tienen antecedentes de enfermedades cardiovasculares, hipertensión o insuficiencia cardíaca, esta respuesta puede adquirir una relevancia clínica particular”, apuntan los especialistas.
La sensación que muchos describen como “sentir el partido en el pecho” tiene su fundamento fisiológico. “No es una forma de decir. Es fisiología pura. En los momentos críticos, el cerebro interpreta esa emoción como una amenaza, activando el sistema simpático y generando una descarga de adrenalina que impulsa al corazón a latir más rápido”, explica un especialista de la FCA.
De 70 latidos por minuto en reposo, es posible llegar a 120 o 140 mientras se observa un partido, sin moverse. Esta sensación de ser más conscientes de nuestros latidos es característica de estos momentos.
El consumo de alcohol también merece una atención especial en este contexto. “Los datos disponibles indican que quienes consumen alcohol durante encuentros de alta intensidad tienen frecuencias cardíacas más elevadas en comparación con quienes no lo hacen. Esta diferencia se intensifica en momentos decisivos cuando la carga emocional es máxima”, comentan los expertos.
Además, el alcohol puede provocar arritmias, aumentar la presión arterial y generar deshidratación, especialmente si se ingiere en exceso.
Generalmente, durante estas reuniones se consumen alimentos en abundancia, a menudo altos en sal, como embutidos. Muchos partidos se juegan a las 22 horas, lo que también puede alterar los patrones de sueño y reducir la actividad física.
“La idea no es renunciar a la celebración, sino hacerlo con moderación. Disfrutar del fútbol no implica excesos, y la moderación es una de las mejores aliadas para cuidar la salud cardiovascular”, afirman los cardiólogos de la fundación.
Una jugada puede llegar a paralizar a un país entero, y para algunos, ese momento trasciende lo meramente deportivo. “Las emociones, sean positivas o negativas, impactan en nuestro sistema cardiovascular. La adrenalina y el cortisol, por ejemplo, pueden inducir estrés, que a su vez puede desencadenar arritmias”, señala un director del Curso de Actualización en Cardiología del Ejercicio y del Deporte de la SAC.
En caso de que esa arritmia sea compleja, podría llevar a situaciones críticas, como un infarto. Esta relación ha sido documentada en distintos eventos deportivos, como el notable aumento de internaciones por infartos tras la eliminación de un equipo importante en la Copa Mundial de 1998.
“El partido en sí no causa enfermedades cardíacas. Lo que puede ocurrir es que se revele una condición preexistente que hasta ese momento no se manifestaba”, apuntan desde la fundación.
La intensidad emocional que vive un hincha puede compararse con la que experimenta un jugador en el campo, aunque desde una perspectiva diferente. “Los atletas están entrenados para manejar la presión. En contraste, el espectador está emocionalmente involucrado pero carece de control sobre el resultado”, aclararon los especialistas.
Esta mezcla de expectativas y falta de control puede ser un disparador biológico de estrés, especialmente durante las instancias más cruciales de un mundial. Estudios han mostrado que las respuestas hormonales de las personas más conectadas emocionalmente son significativamente más altas durante estos eventos.
La adrenalina se eleva y la frecuencia cardíaca se acelera de inmediato en momentos tensos, como el momento de un penal decisivo. “Las investigaciones han indicado que los eventos cardiovasculares aumentan en situaciones de alta emoción, particularmente cuando el resultado es incierto hasta el final”, concluyen los expertos.
Cabe destacar que la mayoría de las personas manejará estos momentos sin complicaciones clínicas. Sin embargo, quienes tienen antecedentes de enfermedades cardíacas podrían experimentar estos episodios de una manera más intensa.
El Mundial 2026 se realizará en un clima caluroso en los países organizadores, lo cual puede ser un factor que todas las personas deban tener en cuenta. “El calor obliga al organismo a esforzarse más para regular su temperatura, lo que incrementa la carga sobre el corazón y altera los requerimientos de hidratación”, advierten los especialistas.
Los hinchas más vulnerables son aquellos con antecedentes de enfermedad coronaria, infartos, insuficiencia cardíaca, hipertensión, diabetes o arritmias. “Esto no significa que deban dejar de disfrutar del torneo, sino que deben hacerlo manteniendo sus controles médicos y consultando ante cualquier síntoma de alarma”, detallan.
Los cardiólogos también sugieren trabajar sobre la regulación emocional, sugiriendo tratamientos psicológicos y técnicas de meditación, así como el uso controlado de ansiolíticos si es necesario, siempre bajo supervisión médica.
La rápida atención es crucial en caso de un paro cardíaco. “Los estudios han demostrado que la reanimación cardiopulmonar (RCP) realizada por testigos y el uso inmediato de desfibriladores aumentan las probabilidades de supervivencia”, explican.
Las medidas preventivas abarcan desde el reconocimiento temprano de un colapso hasta el inicio de maniobras de RCP y el uso de un desfibrilador. Manteniendo los tratamientos médicos adecuados, controlando los factores de riesgo y evitando excesos, es posible disfrutar de cada partido de la mejor forma.









