En esta contienda hay aliados y adversarios, así como un calendario apremiante. Infantino se postulará el 18 de marzo de 2027 para un cuarto y último mandato, pero sus oponentes deben decidir pronto si realmente desean desplazarlo, transformando su disidencia política en una candidatura que pueda enfrentarlo en las urnas.
Este análisis examina el inicio de la crisis, las alianzas formadas, las declaraciones recientes y las posibles vías para poner fin a la presidencia de Infantino.
El detonante de la crisis fue FIFA Forward Enterprise (FFE), un plan destinado a establecer una nueva filial comercial encargada de gestionar el área comercial de los Mundiales y atraer inversión privada. Aunque Infantino retiró esta propuesta hace más de una semana, la discusión había trascendido del ámbito comercial para cuestionar cómo se toman las decisiones en la FIFA y el poder centralizado en su presidente.
UEFA, AFC y Concacaf argumentan que la propuesta se presentó con plazos demasiado ajustados y sin una consulta adecuada, y consideran que no se trató solo de un fallo de comunicación, sino de un “error de criterio”. Van más allá al afirmar que intentar vender una parte del negocio de la Copa del Mundo supone una quiebra de la confianza que la FIFA debe mantener con las instituciones a las que representa.
La crisis ha generado una división sin precedentes entre algunas de las organizaciones más influyentes del fútbol. UEFA lidera la ofensiva contra Infantino, ahora respaldada por la AFC y Concacaf. La confederación europea incluso amenazó con boicotear las competiciones organizadas por la FIFA, incluidos los Mundiales, con la primera prueba de esta postura programada para septiembre, durante el Mundial femenino Sub 20 en Polonia.
Algunas federaciones han ido más lejos. Noruega, liderada por su presidenta Lise Klaveness, demandó la renuncia de Infantino, mientras que Dinamarca, Finlandia, Suecia, Serbia y Gales también se manifestaron en contra de su continuidad.
Sin embargo, Infantino no está completamente aislado. La Confederación Africana de Fútbol y la Conmebol se mantienen a su lado, aunque la entidad sudamericana ha cuestionado la gestión del proyecto comercial. A su vez, países como México (Concacaf) y Kuwait y Qatar (AFC) han mostrado apoyo al presidente, independientemente de sus confederaciones.
Este aspecto será crucial si el conflicto se lleva a las urnas: aunque las confederaciones pueden formar bloques políticos, son las asociaciones miembros las que definieron el resultado de una elección presidencial.
El viernes, la FIFA respondió. En un comunicado, la entidad aseguró que no respaldará ni será tolerante con ningún proceso electoral que no esté alineado con sus estatutos y procedimientos democráticos, recordando que Infantino fue elegido por las asociaciones miembros y continúa ejerciendo su mandato. Además, acusó la existencia de “un esfuerzo coordinado y continuo” para socavar a la FIFA y a su presidente, advirtiendo que aquellos sin respaldo entre las federaciones no deberían intentar conseguir apoyo a través de acusaciones infundadas.
La respuesta de este lunes, firmada por los presidentes y secretarios generales de UEFA, AFC y Concacaf, fue contundente. Reconocieron el crecimiento del deporte en la última década, pero destacaron que los logros relacionados con la ampliación de competiciones y la adjudicación de Mundiales son fruto de esfuerzos colectivos, no de una sola persona. Criticaron el estilo de liderazgo de Infantino, afirmando que “el liderazgo en el fútbol no es una posesión” y que cuando la confianza se rompe “mediante el engaño”, se abandona el deber que se tiene con el colectivo que otorga autoridad. Asimismo, solicitaron que una investigación sobre los hechos recaiga en una entidad independiente, ya que consideran que hay “silencio donde debería haber rendición de cuentas” y requieren un liderazgo que sirva al fútbol en lugar de intentar controlarlo.
Así, en solo tres días, el enfrentamiento se estableció claramente: la FIFA sostiene que sus opositores intentan desplazar a Infantino sin apelar a las urnas, mientras que estos afirman que el verdadero problema radica en la forma en que el presidente ejerce su influencia.
Existen dos vías posibles. La primera es intentar forzar su salida a través de una moción de censura, necesitándose el respaldo del 20% de las 211 asociaciones miembro de la FIFA, es decir, al menos 43 federaciones, lo que obligaría a convocar un Congreso extraordinario.
La alternativa es más tradicional: derrotarlo en las próximas elecciones, que se llevarán a cabo durante el Congreso de la FIFA el 18 de marzo de 2027. Infantino, que cuenta con 56 años y ha liderado la organización durante la última década, buscará allí su cuarto y último mandato de cuatro años.
No obstante, para llegar a marzo con una disputa electoral real, la oposición enfrenta un desafío previo. La primera fecha clave será el 18 de noviembre de 2026, cuando se cierre el plazo para presentar candidaturas contra Infantino. Hasta ahora, nadie ha dado formalmente ese paso. Entre los posibles contendientes figuran tres nombres prominentes: Lise Klaveness, presidenta de la Federación Noruega, quien se ha erigido como una de las voces más críticas; Victor Montagliani, presidente de la Concacaf, que también podría ser una alternativa; y Salman bin Ibrahim al-Khalifa, presidente de la AFC, que ya ha tenido experiencia en una contienda presidencial fallida contra Infantino en 2016.
El principal reto de la oposición radica en que criticar a Infantino y encontrar quien lo derrote son dos tareas completamente distintas. La historia deja claro que controlar la FIFA desde la presidencia otorga una ventaja formidable. El último dirigente que logró vencer a un presidente en funciones fue João Havelange, en 1974, frente a Stanley Rous.
Dos fechas clave definirá el futuro de esta disputa. El 18 de noviembre indicará si UEFA, AFC, Concacaf y otros sectores contrapuestos a Infantino logran convertir el descontento en una propuesta viable. Y el 18 de marzo de 2027, si no se prevé una salida extraordinaria, llegará la batalla crucial: el Congreso de la FIFA elegirá al nuevo presidente, quien liderará la entidad durante los siguientes cuatro años.
Hasta entonces, se anticipan diversos comunicados, movimientos de federaciones y negociaciones para sumar apoyos. Sin embargo, la primera prueba real llegará en noviembre. Para poner en jaque la era de Infantino, sus adversarios deberán pasar de una coalición en su contra a una alianza en torno a un candidato.









