Publicaciones en historias de Instagram, fotografías y comentarios en la plataforma X se convirtieron en blanco de críticas por parte de otros usuarios, quienes comenzaron a divulgar las identidades de aquellas personas y cuestionar sus celebraciones tras la derrota del equipo argentino. Mientras algunos mensajes contenían burlas futbolísticas, otros se limitaban a expresar apoyo a España. La tensión escaló a tal punto que se iniciaron campañas para identificar a los protagonistas, contactar a sus empleadores o instituciones educativas, e incluso exigir su expulsión del país.
El argumento más frecuente que se escuchó fue el de la “ingratitud”. Numerosos usuarios recordaron que algunos de los extranjeros criticados habían sido beneficiarios del sistema educativo público, del sistema de salud y que habían construido sus vidas laborales en Argentina. Desde esta óptica, se consideraba que festejar la caída de la selección era una falta de respeto hacia el país que los acogió.
Uno de los casos más destacados fue el de una joven brasileña, A. C., quien se graduó como médica en la Universidad de Buenos Aires. En el día de la final, compartió una imagen del equipo español con la frase en portugués: “Hoje eu durmo tranquila”, que se traduce como “Hoy duermo tranquila”.
La publicación fue replicada por Nita, conocida en redes sociales como Juana Cervio, una influencer con más de 100.000 seguidores en X. Además de repostear la historia, mostró fotografías de A. C. y argumentó que la médica había estudiado con fondos públicos, burlándose de los argentinos que financiaran su educación, que habrían costado cientos de miles de dólares.
“Hay que deportar a estas personas. Sencillamente”, sostuvo. Agregó que aunque no se le podía revocar el título, quienes criticaran al país mientras se formaban gratis no deberían poder graduarse. En la misma línea, instó a compartir publicaciones para señalar a extranjeros que, desde su perspectiva, “odian” a Argentina mientras aprovechan su sistema sanitario y educativo.
Posteriormente, publicó un video en el que volvió a compartir imágenes de A. C. y cuestionó que la joven estuviera realizando una residencia médica. “Es increíble el nivel de xenofobia que manejan y, lamentablemente, ante la xenofobia no podemos responder con amor”, indicó.
Las publicaciones generaron miles de reacciones y abrieron un debate sobre la delgada línea entre crítica a una opinión y hostigamiento. Cuando un usuario la acusó de xenofobia, Cervio replicó que la xenofobia consistía en no permitir que los argentinos se defiendan. Insultó a quienes cuestionaron la exposición y etiquetó de “antipatria” a los argentinos que se oponían a su postura.
El escrache se propició rápidamente a otras cuentas. Miles de comentarios incluyeron expresiones como “hagan justicia” o “a atacar”, y se compartieron capturas de publicaciones realizadas por brasileños, algunos de los cuales no contaban con mensajes relacionados con el partido.
Se identificaron al menos 16 cuentas, mayormente de brasileños residentes en Argentina, víctimas de este hostigamiento. Algunos pidieron revocar títulos universitarios y otros exigieron la expulsión de sus empleos. Se divulgaron correos electrónicos y, en al menos un caso, se compartió el número de teléfono de una de ellas.
La escalada de dicha situación trascendió las redes. Un seguidor de Cervio afirmó haber denunciado a A. C. ante el Hospital Naval Buenos Aires, donde, supuestamente, realizaba una rotación académica. En el intercambio, se leía una respuesta que mencionaba: “Estamos en eso”, sugiriendo una posible cancelación de su rotación.
Al compartir estas capturas, la influencer expresó: “Qué bueno esto. Ojalá no quede impune la xenofobia de esta tipa. No puede estar atendiendo en un hospital argentino”.
A raíz de la viralización y versiones que circulaban en X, se consultó a la cuenta oficial de la Sanidad Naval de la Armada Argentina sobre las denuncias y su posible impacto en la carrera de la estudiante. La institución informó que la joven había realizado una rotación académica, pero que no era residente y que su actividad ya había finalizado, aclarando que no mantenía vínculos laborales ni contractuales con la Armada.
Algunos usuarios arremetieron verbalmente contra A. C. y exigieron su salida del país, celebrando que la joven había cerrado sus perfiles. Frente a un comentario que defendía a la médica, Cervio insistió en que disfrutaba del sufrimiento del país que la recibió para estudiar.
Rechazó el término “linchamiento digital”, argumentando que la joven había utilizado su cuenta para “escupirle en la cara al país que la recibió”, y que su accionar era solo una respuesta a esa conducta. “Nosotros somos las víctimas de esta gente. No al revés”, escribió.
No obstante, aparecieron voces que señalaron la gravedad de querer perjudicar laboralmente a alguien por un comentario sobre fútbol. “¿Qué pretenden hacer?”, cuestionó una mujer, calificando la campaña como un “despropósito”.
Finalmente, A. C. decidió cerrar sus cuentas públicas, limitando su perfil secundario a no recibir mensajes de desconocidos. Otros extranjeros mencionados también optaron por poner sus perfiles en privado, eliminar contenido o restringir mensajes.
La campaña se extendió a los lugares de trabajo de otros brasileños atacados. Usuarios contactaron a perfiles institucionales de empresas donde laboraban, exigiendo sanciones y advirtiendo sobre las publicaciones.
Uno de los casos fue el de la influencer brasileña Lays Bressane, quien, tras recibir insultos y amenazas, realizó un descargo. Habló inicialmente en portugués y luego en español, explicando que entendía la pasión argentina por el fútbol, pero que una rivalidad no justificaba ataques personales ni la difusión de información privada. Compartió ejemplos de mensajes de odio que había recibido, pidiendo diferenciar el fútbol de los límites cruzados.
La búsqueda de información personal llegó hasta grupos de estudiantes universitarios. Un usuario compartió un archivo con accesos a comunidades de WhatsApp de distintas facultades de la UBA, ampliando así el alcance de identificación hacia extranjeros por su nacionalidad o su relación con comunidades estudiantiles, incluso si no habían realizado comentarios públicos sobre el partido.
Este fenómeno se produjo en un contexto en el que argentinos en el exterior denunciaban incidentes de hostilidad. Situaciones de agresiones verbales se usaron como argumento para justificar ataques a extranjeros, bajo la idea de que Argentina debía responder a una supuesta campaña internacional que lo retrataba como racista.
Mientras tanto, otros episodios mostraron que las consecuencias podían ir más allá del ámbito digital. El cantante brasileño João Bueno publicó tras el partido una historia que incluía una referencia a la guerra de Malvinas, provocando una fuerte reacción que llevó a su desvinculación de un festival en San Juan. La Asociación de Mujeres y Madres Brasileñas en Argentina explicó que las expresiones de Bueno habían herido el sentimiento colectivo argentino.
El artista luego ofreció disculpas, explicando que había reaccionado emocionalmente ante ataques xenófobos, pero que no debió cruzar límites al mencionar la guerra. Recalcó que su rechazo a la selección no implicaba un desprecio por la sociedad argentina.
Este episodio se alejó de las burlas deportivas al incluir una referencia a una herida del pasado, aunque se inscribió en el mismo clima de confrontación que, desde el final del Mundial, llevó la disputa futbolística al ámbito de la nacionalidad y la vida cotidiana de los residentes en Argentina.









