Durante años, el rendimiento de Lionel Messi fue objeto de debate. Se puso en duda su compromiso al cantar el himno nacional o si su desempeño era superior en Barcelona que en la selección argentina. Se le catalogó incluso como un “español” con raíces argentinas, insinuando que su elección por la albiceleste respondía a una maniobra dirigencial que lo impidió ser considerado un tesoro rescatado del fondo del océano. La controversia fue considerable: se cuestionaba su valía, se lo menospreciaba, y algunos incluso se atrevían a insultarlo.
En España, también surgió su propia grieta, la cual ha estado presente en el ámbito político durante años, algo que Argentina ya ha experimentado. La división entre los seguidores del Barcelona y del Real Madrid, en especial en lo referido a Messi, persiste a pesar de que este haya dejado el club hace ya varios años. No obstante, esta controversia, que podría parecer pintoresca desde la distancia, ha cobrado un nuevo significado en el panorama argentino, alimentada por las redes sociales y por algunos comunicadores que promueven una narrativa difícil de comprender.
La victoria de Argentina en el Mundial de Qatar permitió a varias generaciones experimentar por primera vez la sensación de festejar un título máximo. La celebración se extendió desde Lusail a cada rincón del país, prolongándose durante días, semanas y meses. La recepción del equipo en marzo de 2023, durante un amistoso en el Monumental, dejó imágenes imborrables, como las lágrimas de los jugadores y las emotivas reacciones del cuerpo técnico, encabezado por Lionel Scaloni, quien ha sido un referente en el manejo de la presión mediática.
Pese a ello, la identificación y el vínculo entre la selección y la afición, así como con Messi, parecían inquebrantables. Sin embargo, el clima cambió repentinamente en marzo de este año. Tras la victoria del Inter Miami en la MLS y la consiguiente visita al presidente estadounidense Donald Trump, la indignación se desató. La simple imagen de Messi entrando a la Casa Blanca, dando la mano y esbozando una sonrisa fue suficiente para avivar la grieta anti-Messi. Comentarios como “Estuvo con Trump” comenzaron a aparecer, y algunos afirman que ya no desean que la selección tenga éxito.
Messi, consciente de su rol como figura global, tiene el derecho de interactuar con quienes desee. A sus casi 40 años y siendo padre de familia, sabe que cada decisión lleva consigo sus repercusiones. La intolerancia es la marca de quienes no aceptan opiniones diferentes.
En las últimas semanas, se ha intentado imponer la idea de que se trata de “un Mundial sin interés”, cuando generalmente la atención hacia los primeros partidos es diferente en comparación con las etapas decisivas. La popularidad del equipo, que hace cuatro años brindó una de las mayores alegrías deportivas en la historia del país, se ve desvalorizada por la crítica al saludo de Messi con Trump.
A pesar de esto, miles de argentinos en Kansas City demostraron que la pasión sigue intacta, gritando y apoyando a su selección, incluso a 9100 kilómetros de casa. Estas personas, cuyas posturas políticas pueden ser diversas, no se olvidaron de celebrar el juego del considerado mejor futbolista del mundo, quien sigue brillando casi a los 39 años. A la hora de aplaudir un hat-trick, el enfoque sobre Trump se eclipsa.
Las divisiones en torno a una selección campeona del mundo que busca revalidar su título, junto a un jugador admirado como Messi, parecen ser la más absurda de las grietas observadas hasta el momento. Para muchos, es incomprensible pensar que existan personas que deseen que la selección fracase solo para que el presidente de la AFA sea destituido. Esta grieta es, sin duda, un tema digno de análisis en la compleja realidad argentina.









